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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2010.

LA MONA DE ROBERTO DURAN (Del libro "Escrito en Shenandoah," publicado por Isla Books.

Tocamos la puerta y nos abrió el mismo Roberto Durán. Vio la cámara que tenía Simon y enseguida se dio cuenta que éramos periodistas de la televisión. Nos mandó a pasar enseguida y nos ofreció café, cerveza, coca cola, lo que quisiéramos.

La casa era amplia y moderna , pero sin grandes lujos. Y estaba llena de gente. Roberto nos presentó a todas las personas que estaban allí. Su esposa, hijos, amigos, y hasta un par de exiliados cubanos jóvenes que un día se le habían aparecido en la casa para pedirle ayuda y se habían quedado a vivir con él.

Cuando tocamos la puerta, Roberto estaba cocinando arroz en una gran olla. Nos dijo  que preparaba comida todos los días para los militares estadounidenses que estaban acantonados en un campamento improvisado cerca de su casa. La invasión a Panamá había ocurrido unos días antes. Manuel Noriega todavía estaba escondido y los estadounidenses lo andaban buscando.

Roberto nos dijo que no le interesaba mucho la política, pero que los militares estadounidenses eran jóvenes que simplemente cumplían su deber. Nos dijo  que lo trataban como un héroe y le pedían autógrafos y se tomaban fotos con él.

Roberto había perdido por decisión su tercera y última pelea con Sugar Ray Leonard unas semanas antes. Peleó aquella noche en 160 libras. Pero en el poco tiempo transcurrido había aumentado al menos 20 a 25 libras.  Se veía fuerte como un toro, pero un poco gordo.

Nos dijo que desde la invasión iba todos los días al barrio de El Chorrillo para calmar los ánimos de la gente. El Chorrillo, donde nació y se crió Roberto, había sufrido enormes daños por los bombardeos de los estadounidenses. Se hablaba extraoficialmente de cientos de muertos.  Nos dijo que en sus visitas a El Chorrillo iba acompañado de escoltas armados y que él también llevaba un revolver.

Además de toda la gente que estaba viviendo en la casa, había varios perros y gatos que Roberto había recogido en la calle. Casi todos tenían algún defecto físico. Entre ellos había un gato tuerto y una pequeña perra coja.  Pero el animal preferido de Roberto estaba en el patio trasero. Era una enorme mona en una jaula. “Me adora, “ nos dijo Roberto. “La tienen que filmar, esa mona está enamorada de mí.”

Salimos al patio y no sé si es que a la mona no le gustaba que la filmaran o si es que Simon y yo no le caímos bien. El hecho es que la mona comenzó a dar unos chillidos y  manotazos y se encaramó en un palo en una de las esquinas de la jaula. Roberto le decía piropos y le tiraba besos, pero la mona se negaba bajarse del palo y continuaba chillando y manoteando. “Debe ser que está cansada, la pobre,” me dijo Roberto. Cuando le pregunté que había estado haciendo la mona para cansarse, me respondió que había estado jugando.

 

Simon y yo hicimos un breve reportaje con Roberto.  Lo filmamos cocinando el arroz, tomamos imágenes de algunas de las fotos y trofeos de su carrera que tenía e hicimos una breve entrevista en cámara. Al despedirnos, Roberto nos dijo, “Tienen que regresar para filmar la mona cuando esté más tranquila. De veras que me adora, lo tienen que ver.”

Yo le prometí a Roberto que regresaría. Tenía todas las intenciones de hacerlo, no para que Simon filmara la mona,  pues ya habríamos enviado el reportaje a Miami, pero para complacer a Roberto. Yo lo había visto pelear contra Ken Buchanan, Esteban de Jesús y la primera vez que se enfrentó a Leonard y pensaba que le debía eso. Lamentablemente, no se pudo. A Simon y a mi se nos complicó mucho la cobertura de los días después de la invasión y no tuvimos tiempo de ir de nuevo a casa de Roberto Durán.

Pero no dudo que es verdad que la mona lo quería mucho.

02/08/2010 16:19. #. sin tema


IVAN Y ORIANA FALLACI EN LA GUERRA DEL GOLFO (Del libro "Escrito en Shenandoah," publicado por Isla Books

Aquella mujer me llamaba la atención y no sabía porque. Era una mujer ya mayor, pequeña de estatura, que se vestía con bastante descuido. Tenía siempre una expresión severa en el rostro y nunca la vi acompañada. Siempre se sentaba sola en el comedor del Hotel Sofitel, donde yo iba a veces. Un día le pregunté a uno de los camareros, "¿Quien es esa señora, que me luce conocida?"  

"Es Oriana Fallaci", me contestó. Yo me la imaginaba muy distinta. Alta, vistosa, elegante. Algo así como Sofía Loren. Jamás hubiera pensado que aquella diminuta mujer, totalmente carente de “glamour,” era la legendaria periodista. Pero no me sorprendió que Oriana Fallaci estuviera en Dharhan, Arabia Saudita. Se esperaba que muy pronto comenzara la ofensiva por tierra de Estados Unidos y sus aliados contra las tropas iraquíes que ocupaban Kuwait. Desde hacía décadas, la Fallaci era la corresponsal de guerra por excelencia. No se iba a perder ésta.

La mayoria de los periodistas nos hospedábamos en el Hotel Sheraton, donde estaba el Centro de Prensa del comando estadounidense. Los periodistas que estaban en otros hoteles solían ir al Sheraton diariamente . Era allí donde uno se enteraba de lo que estaba ocurriendo. Pero nunca vi a la Fallaci fuera del Sofitel. No entendía como podía hacer su trabajo.

Yo me moría por conversar con ella. Pensé muchas veces en ir a su mesa, saludarla y mencionarle a un amigo común, el periodista  Franco Cartucci, de la Rai, la television estatal italiana. Franco y yo habíamos coincidido muchas veces en coberturas en Centro y Sud América y él  me había hablado mucho de la Fallaci. Me contó  que él  le había salvado la vida a la Fallaci cuando ocurrió la Masacre de Tlatelolco en México en 1968. La Fallaci resultó gravemente herida en la violenta represion desatada por el ejército mexicano contra una manifestación de estudiantes. Pero la Fallaci no parecía ser una persona muy dada a apreciar que algún extraño le dijera que admiraba su trabajo.

Solamente la saludé una tarde cuando yo salía del Sofitel después de almorzar y ella estaba frente a la puerta del hotel, aparentemente esperando que alguien la recogiera. Le dije en inglés, "Buenas tardes, Señora Fallaci. Soy admirador suyo." Su respuesta  fue bastante fría, "Se lo agradezco." Y nada más.  La vi muchas veces más en el Sofitel, pero no volví a acercarme a ella.

Muy pronto se producía la ofensiva por tierra en Kuwait de Estados Unidos y sus aliados. Los iraquíes fueron derrotados en menos de cien horas. El Comando Estadounidense , una vez que sus tropas establecieron control, organizaron una caravana para llevar a un grupo de periodistas a Ciudad Kuwait. Yo me tuve que quedar en Dharam porque tenía que hacer una transmisión en vivo via satélite.

Pero al otro día, los estadounidenses organizaron vuelos para llevar al resto de los periodistas a Kuwait. A mi me tocó ir en el primero. Iván Manzano, un camarógrafo salvadoreño que trabajaba conmigo en Univisión,  me acompañó.  Los militares estadounidenses  nos transportaron a un pequeño grupo de corresponsales en bus a la base aerea de Dharhan. Entre nosotros estaba Dan Rather, el presentador del noticiero de la Cadena de televisión Cbs. El bus se detuvo en la pista junto a un pequeño avión de hélices. Me sorprendió que Orianna Fallaci ya se encontraba en la pista, cerca del avión.

La Fallaci y Dan Rather se saludaron, pero ella no habló con nadie más. Iván y yo fuimos los últimos en abordar el avión. Cuando entramos a la cabina, había solo dos asientos vacios y estaban separados. Eran asientos del lado de la fila. En ambos casos, había personas sentadas junto a las ventanillas.

Iván caminaba delante de mí y se sentó en el primer asiento vacio, junto a Orianna Fallaci. A mí me llamó la atención que la Fallaci y Dan Rather no se sentaron juntos. Yo me senté junto a un fotógrafo de una agencia de noticias.

Iván y yo nos habíamos distribuido  el equipo de television que tuvimos que llevar para poder montar nuestras crónicas en Kuwait. Iván tenía consigo  la cámara y el trípode. Los asientos eran pequeños e incómodos y desde que Iván se sentó a su lado, la Fallaci comenzó a quejarse. 

El avión despegó.  Sería un vuelo breve. Los motores hacían un gran ruido y había bastante turbulencia. La Fallaci continuaba regañando a Iván, hablando en un ingles correcto, pero con un fuerte acento italiano. Iván no hablaba mucho ingles en aquel tiempo, pero seguía ofreciendo disculpas. “I’m sorry, excuse me, “ decía caballerosamente.

Los demás pasajeros en el avión escuchábamos molestos las quejas y regaños de la Fallaci. “What a bitch,” me dijo el camarógrafo que estaba a mi lado. Me dijo que Ivan debería meterle el trípode por el culo a la Fallaci.

El avión era sacudido por la turbulencia y la Fallaci comenzó a decir malas palabras en italiano. Al menos eso pensé por el tono de su voz y porque la escuché decir , “Puttana.” Mezclaba el italiano con los regaños en ingles a Iván. Era insoportable aquello. Pero de pronto, se escuchó la voz a gritos de Iván, “Shut up! This is not the Concorde!”

“¡Cállese! !Esto no es el Concorde,” le gritó a la Fallaci. El avión entero rompió en risas. Sorpresivamente, hasta la misma Fallaci se rió. Y esta vez fue ella quien dijo “I’m sorry” a Iván.

Cuando llegamos a Kuwait y nos bajamos del avión, le dije a Iván quien era la áspera señora que  había estado sentada junto a él. Me dijo que lamentaba haberle hablado en un tono fuerte, pero que lo estaba volviendo loco.

Yo no sé que se hizo de la Fallaci después de eso durante el resto de la cobertyura de la primera Guerra del Golfo Pérsico. No la volví a ver en Kuwait ni en Arabia Saudita.

Mi experiencia con la Fallaci y su comportamiento durante el vuelo a Kuwait  de ninguna manera mermaron mi admiración por ella. Sigo pensando que fue una extraordinaria periodista y una persona de gran valentía. Pero pienso lo mismo de Iván Manzano.

Iván, un humilde muchacho de Usulután, es una de las personas más inteligentes, talentosas y corajudas con quienes he trabajado en el periodismo. Cubrimos juntos muchas noticias alrededor del mundo, incluyendo un buen número de conflictos bélicos. La calidad de su trabajo como camarógrafo y editor de video es insuperable y es valiente como un león. Además posee una extraordinaria inteligencia natural que le permite absorber conocimientos y cultura como si fuera una esponja. Hoy día, Iván es el corresponsal de Telemundo en Centro América. Es uno de los mejores periodistas de la televisión hispana de Estados Unidos.

Pienso que Orianna Fallaci e Iván tenían mucho en común y se hubieran llevado muy bien, aunque Iván es mucho más amistoso y calmado de lo que era ella.

Que pena que no llegaron a conocerse mejor.

 

 

03/08/2010 19:24. #. sin tema

LA OTRA TARDE VI NEVAR (Del libro "Escrito en Shenandoah" publicado por Isla Books

Eileen era rubia, de ojos azules y tez muy blanca. Era alta, con la  fina figura de una diosa celta.  La conocí una tarde de noviembre en que nevó muy fuerte. La nevada me sorprendió a varias cuadras de mi casa. Yo venía de regreso de mi trabajo de tiempo parcial , en el departamento de envíos y recibos de una fábrica de cojines. Tenía 18 años y estudiaba por las mañanas en el recinto del centro de la ciudad de la Universidad de Hartford. Al concluir las clases iba directamente al trabajo, que no era muy lejos de la universidad ni de mi casa.

Caminaba por la acera perdido en mis pensamientos cuando de pronto se abrió el cielo. No habían pronosticado nieve para ese día y para mi fue como un estallido de júbilo. Aquel día había sentido la extraña melancolía que inexplicablemente a veces aflige a los adolescentes. Pero ahora de repente me levantaba el espíritu el espectáculo ante mis ojos. Caían los copos de nieve y se cubría todo lo que me rodeaba con un manto de blanco. Me hacia sentir alegre. Me imaginaba a Dios sonriente y contento mientras caía la nieve y la vida misma se vestía de novia. Así me sentí la primera vez que vi una nevada después de mudarme al norte.  Y así fue también aquella tarde. Así ha sido siempre.  Cada vez que veo nevar es como la primera vez.

Llegué al pequeño edificio donde vivía con mi madre y mis hermanos. Llevábamos apenas unos días en el lugar. Había solo tres apartamentos, uno en cada piso. Los Alvárez, unos amigos cubanos,  vivían en el tercer piso. Nosotros nos habíamos mudado al segundo piso. Yo no conocía aún a la familia del primer piso. La señora Alvárez le había dicho a mi mamá que los inquilinos del primer piso  eran una mujer irlandesa y sus tres hijos. Por alguna razón,  nunca los había visto.

Yo estaba feliz. Me repetía a mi mismo en silencio que no había nada más bello que una nevada. Estaba convencido de ello. Hasta que entré por la puerta del edificio y ví a Eileen por vez primera. Supe en ese instante que hay algo que también llega del cielo pero que es  más deslumbrante aún que la nieve. Los ángeles.Y frente a mí tenía ahora al más bello de todos. Eileen estaba junto a la puerta de su casa. Iba a salir. Me saludó y conversamos brevemente y aquella voz era todo dulzura y magia. En unos minutos supimos mucho el uno del otro. Ella tenía 17 años y estaba en su último año de high school. Esa noche no dormí, pero soñé despierto con Eileen. Supe que la amaba desde ese primer encuentro, que la había amado siempre, mucho antes de haberla conocido,  y que estaba destinado a amarla por el resto de mis días. Juré que haría todo lo posible porque ella me quisiera a mí.

Y no sé como fue. El amor es misterioso.  Y a veces,  es tan grande el deseo de ser querido por quien uno ama,  que se logra el milagro. Muy pronto éramos novios. Yo estaba en la gloria. Vivía por estar con Eileen. Hablábamos horas y horas. Ella me contó su vida. No era del todo feliz.

Nació en Irlanda, en County Cork. Era la mayor de cuatro niños. Su familia había emigrado a Estados Unidos siete años antes. Vinieron a Hartford porque aquí vivía un hermano de su madre. El padre de Eileen  era ingeniero y muy pronto consiguió un buen trabajo en una fábrica de motores de aviones.  Vivían en una buena casa y eran felices hasta que un día el padre se desapareció. No supieron más de él.  Eso había ocurrido tres años antes. La madre de Eileen no sabía que hacer. Se había quedado sola, con cuatro niños en un país extraño. Nunca había trabajado. El tío trató de ayudar, pero era poco lo que podía hacer. Era un alcoholico que casi siempre estaba desempleado.

La madre de Eileen comenzó a trabajar de camarera para mantener a sus hijos. Pero no alcanzaba el dinero. Muy pronto, perdieron la casa y se mudaron al edificio donde nos conocimos, en un barrio obrero.  Un año antes de conocernos, la hermana de Eileen murió ahogada en un río, donde había estado nadando con un grupo de muchachos, entre ellos sus hermanos. La madre de Eileen sufrió una crisis nerviosa. Dejó de trabajar. La familia comenzó a recibir ayuda pública. Eileen tenía dos hermanos vivos. Ita, que también era bella, tenía 16 años. Leo, el menor, tenía 10 años. Noreen, la hermana que había muerto ahogada era la tercera de los cuatro hermanos. Tenía trece años cuando murió.

Eileen e Ita trabajaban dos horas de lunes a viernes en una farmacia después de terminar sus clases en el Hartford High School. Eileen y yo íbamos mucho  al cine, escuchábamos música y, sobre todo, teníamos largas conversaciones. Ella me pedía que le enseñara español y aprendió bastante en breve tiempo. Eileen era brillante. Le encantaba la literatura y soñaba con ser una escritora famosa. Aún antes de graduarse de escuela superior, le habían dado una beca para estudiar en la Universidad de Connecticut en Storrs.

Yo también amaba la literatura. Eileen yo coincidiamos en quienes eran nuestros  favoritos. Entre los poetas, nos gustaban Dickinson, Keats, Byron,  Shelley y Whitman; entre los novelistas,  Joyce, Fitzgerald, Hemmingway, Faulkner y,  sobre todo, Mark Twain. Ibamos mucha a la casa en que vivió Twain en Hartford, que hoy día es un museo y está a solo unos pasos del Hartford High School. Jurábamos que allí sentíamos la presencia de Mark Twain.

Eileen y sus hermanos habían perdido el acento irlandés. Pero la Señora Clancy hablaba como una pura irlandesa. Era una mujer muy golpeada por la vida y prematuramente avejentada, pero que conservaba cierta belleza y elegancia. En las mañanas siempre saludaba diciendo, “Top of the morning to you!”

Eramos felices Eileen y yo. Llevabamos meses de novio.  Yo estaba convencido que siempre estaría junto a Eileen. Pero al igual que conocí con Eileen que los milagros son posibles, también descubrí que no siempre son eternos. Una noche de abril  Eileen me dijo que su familia iba a regresar a Irlanda. Su madre estaba en muy malas condiciones sicológicas. Cada día era peor su depresión. La familia en Irlanda le pedía que regresara junto a sus hijos. Temían por los muchachos y sobre todo por Leo, el menor. Allá en Irlanda había abuelos, tíos y tías. Acá en Hartford solo estaba el tío alcohólico. Yo le rogué a Eileen que se quedara. Le propuse casarnos. Me dijo que ella no podía abandonar a su mamá ya que ese sería el golpe final a la salud mental de la Señora Clancy. Le dije entonces que yo me iría a vivir a Irlanda. Ella me miró con ojos llorosos. Nunca he olvidado sus palabras:

-Ricardo, tú y yo nos amaremos siempre. Pero no es nuestro destino pasar el resto de nuestras vidas juntos. No está escrito así en las estrellas. Lo que va a ocurrir, lo que está escrito en los astros,  es que yo regresaré muy pronto a Irlanda y tú te quedarás aquí. Yo pasaré el resto de mi vida pensando en el maravilloso muchacho cubano que fue y será siempre mi novio. Tú pasarás el resto de tu vida pensando en la chica irlandesa a quien tanto quisiste y que siempre te va a querer a ti. Yo siempre le contaré a la gente sobre ti. Y tú siempre hablarás de mi. De quienes fuimos, de lo que vivimos en estos últimos meses.En nuestros recuerdos siempre seremos así como somos en este instante, dos muchachos enamorados. -

Eileen, sus hermanos y su mamá regresaron a Irlanda dos semanas después. Partieron una mañana de abril. Yo no fui al aeropuerto. No me sentía con las fuerzas. Ita y Leo me abrazaron al despedirnos frente al edificio. La Señora  Clancy me dijo, “Top of the morning to you.” Besé y abracé a Eileen por última vez. Nos corrían lágrimas por las mejillas a ambos. Se fueron  todos en el carro del tío.

Yo me encerré en mi cuarto. En la noche, bajé al primer piso del edificio y ví que había una luz encendida en el apartamento que había sido de Eileen y su familia. La puerta estaba sin llaves y entré. Me encontré con el tío. Estaba borracho, tirado en el piso. Al verme, se levantó y me abrazó. En el  piso había una botella de whisky irlandés vacía y otra casi llena.  Nos acabamos de beber el whisky. Me quedé dormido en el piso y cuando desperté en la mañana se había ido el tío de Eileen.

El tío de Elieen se marchó de Hartford al cabo de varias semanas y no lo volví a ver. Averigüé la dirección de Eileen y le escribí cartas durante meses. Nunca me contestó.. Han pasado muchos años. Muchas veces he pensado ir a Irlanda. Pero algo me lo ha impedido. No sé si es lo que me dijo Eileen sobre lo que está escrito en las estrellas. Tal vez temo encontrármela y que ya no sea aquella adolescente bella como un ángel. Quizá es que temo que ella vea que yo ya no soy aquel muchacho. Tal vez es que a todos nos hace falta tener grabada para siempre intacta en el corazón la imagen del amor perfecto. Una vez, cuando vivía en Londres, compre un boleto para viajar a Dublín. En el último instante, decidí no abordar el avión.

Todos estos años he seguido pensando en Eileen y, tal como ella me dijo que sucedería, contando la historia de lo que vivimos. Estoy convencido que ella también me recuerda y le habla a la gente de mí.

Vivo en Miami desde hace mucho tiempo. Pero cuando viajo al norte en invierno, me emociono mucho cuando veo caer la nieve. Y en abril, donde quiera que estoy, viene a mi mente aquella mañana de primavera triste en que por última vez tuve a Eileen en mis brazos , la besé y escuché su voz . Siempre será así. Está escrito en las estrellas.

05/08/2010 01:25. ricardobrown #. sin tema

Lousy Sunday News Shows Today. 8 de agosto/10

Tengo la costumbre de sintonizar los programas de análisis noticioso que transmite la televisión los domingos. Hoy lo hice. Brevemente vi a Chris Matthews en el Canal Seis de la Nbc en Miami. Lo quité enseguida. Me parece una vieja histérica Matthews. A veces, si el tema es interesante y los invitados son buenos,  mantengo la sintonía. Pero hoy no lo fueron. Y Mathhews me pareció especialmente insoportable.

Vi un pedazo de This Week en Abc. Cambiaron un poco el formato ahora que la presentadora es Christiane Amanpour. No me gustó. Me cae bien Christiane. Hubo un tiempo en que la conocía personalmente. Eramos casi amigos. Es una buena reportera. Pero no me gusta como presentadora de This Week. Y no me gusta que cambiaron a los participantes en la mesa redonda. Me gustaba la gente que tenía antes.

Pasando el canal vi que Ana Patricia Candiani presenta el segmento de noticias del programa Al Punto de Jorge Ramos en Univisión. Me alegro por Ana. Pero no vi el programa. Estaba Jorge hablando con la Ministra de Turismo de México. Francamente, el tema me importa un carajo..

08/08/2010 16:22. ricardobrown #. sin tema

Arturo Speaks. (From a book of short stories to be published)

"Rufo came to my house unexpectedly. He came to ask me for money. He told me he was very embarrassed, but that he needed 700 dollars. I wrote him a check and he thanked me and left.

It had been a long time since I had seen Rufo. He was my former wife's uncle, a simple guy born in a small town. He didn't have much of a formal education, but he was smart and had a natural grace. He never cussed, had very good manners and loved opera. He was very young when he married Rafaela, a peasant woman several years older than him. Rafaela was husky, with stevedore arms and a big fat, rosy face. I liked Rufo and Rafaela, and I liked their sons, Rufito and Serafín.

Rufito had a talent for fixing broken electrical appliances. He could repair a toaster or a refrigerator. It's a shame he didn't study. Serafín was also smart, but he didn't study either. They were both good-looking kids, with their parents' height and physical strenght and their soft, friendly personalities.

My former wife called me the day after Rufo's visit. She told me I should have not given any money to her uncle. She said Rufo had become addicted to gambling. The dairy where he had worked for many years had gone out of business and Rufo had received over a hundred thousand dollars from his pension plan, but he had gambled it all away. He was now jobless. My former wife told me that Rufo would probably lose the 700 dollars I gave him in gambling and that he would never repay me. I told her I didn't care.

I never saw Rufo again. I found out that a few days after asking me for the money, he got into his car and started driving to Las Vegas, without saying goodbye to his family. After a few days, he called home from somewhere in Alabama. He was crying and said he was lost. Serafín had to take a plane to get him and they drove back to Miami. Several weeks later, my oldest son called me one morning and told me Rufo had died of a heart attack. He was 61 years old.

I went to the funeral home the following night. There were only a few people there. Rafaela was dressed in black. Rufito had flown in from Tennessee with his new wife, a heavy set American woman older than him. She was like a bluegrass version of Rafaela. Serafín was there with his girfriend, a beautiful Cuban girl with very black hair and eyes. Rufo's corpse was in a simple metal casket. He was wearing a grey suit, white shirt and blue tie. He had a rosary in his hands, which were crossed over his chest. His face had a very peaceful expression. I though he looked very elegant and distinguished. He had class.

Rafaela, Rufito and Serafín were very shaken and sad , but they didn't cry. They were very glad to see me. I always liked them all. I was sad about Rufo's sudden death. I'm glad I gave him that money."

09/08/2010 21:41. ricardobrown #. sin tema

The old man and his dachsunds. (From a book of short stories to be published)

The old man walks very slowly on the sidewalk in front of my house with his two Dachshunds. The larger dog is black, the other one in brown. The old man has an abundant head of well-combed grey hair. He’s always smiling, and his teeth aren’t perfect, but they are his own teeth. The clothes he wears are not expensive, but they are always clean and pressed. Today he is wearing blue pants and a white, short sleeved shirt. The old man and his dogs look well taken care of.

I run into the old man and we greet each other. I ask him, looking at the dogs, "How are our buddies doing today?" He tells me the larger black dog is 17 years old, but he has the spirit of a young pup. He always says the same thing. But this morning, he tells me about the other Dachshund: "Toby can sing, did you know that? He’s a happy dog. Have you heard him sing?" Then he leans down, lifts the brown Dachshund, and puts his face right next to the dog’s snout and starts howling. "Auuuh, Auuuh, Auuuh!" The dog then joins him in song. "Auuuh, Auuuh, Auuh!" The old man and Toby are singing and the construction workers on the roof of the house across the street stop what they’re doing and they look at us and start laughing, but not because they’re making fun of the old man and the dog.

The old man then leans down again and places Toby on the sidewalk. He tells me he hopes I have a great day and he continues on his walk with the black dog, whose name he’s never told me, and Toby, the brown dog that sings. I look at them as they walk away and I think to myself that for a brief moment we’ve been kids again, the old man, the construction workers and me. And I yell out to the old man, "Thank you! I hope you have a great day, too!" But I don’t know if the old man hears me, because he doesn’t answer me.

09/08/2010 21:50. ricardobrown #. sin tema

So What?

She was passionate

She heard rainbows

She was sensitive

She saw the wind and spoke to it and they both sang to clouds that pretended not to notice

And then she woke up

Next to me

And soflty left the bed

I slept soundly

‘till I woke and found her shadow

by an open window

but she was gone

it was all too brief

It ‘s better this way.

11/08/2010 13:36. ricardobrown #. sin tema

VIEJA CHUSMA (Del libro "Escrito en Shenandoah," publicado por Isla Books

"Sean corteses. No dejen de dar las gracias. Discúlpense. Si van a pedir algo digan por favor. Den los buenos días"
Mi mamá se pasó toda nuestra infancia diciéndonos esas cosas a mis hermanos y a mí. Y creo que algún efecto tuvo. No es que sea yo el mejor ejemplo de los buenos modales. Pero, caramba, trato de comportarme de una forma caballerosa. Y más que todo, detesto a la gente de malos modales. Me ponen de mal humor. Como la tipa de esta mañana. Si, ya sé. No es muy cortés referirse a una mujer como una tipa. Pero ya lo dije. Trato. No es que pueda todo el tiempo.

Miren ustedes lo que pasó. Yo vivo a menos de una cuadra de una oficina de correos. Tengo allí una caja postal.
  Todas las mañanas voy a recoger mi correspondencia. Y como hay mucho entra y sale, con frecuencia tengo oportunidad de poner en práctica lo poco que aprendí de buenos modales. Cuando llego a la puerta, le cedo el paso a quien viene detrás. Si me dan las gracias, digo “de nada.” Cuando me abren la puerta a mi, doy las gracias. Si le paso por delante a alguien digo, “con permiso.’ Doy los buenos días a todos con quienes me encuentro. Y la mayoría de la gente con quien tengo contacto en la oficina de correos es cortés. De vez en cuando me topo con alguien que no lo es, y generalmente no le presto mucha atención a esto. Pero hoy hubo alguien que, como dicen los colombianos, me sacó la piedra. Les cuento:

Llego a la puerta de la oficina de correo. Veo a unos pasos de mí a una mujer latina que camina hacia la puerta. Está hablando con alguien a través de su teléfono celular. Yo me detengo. Mantengo la puerta abierta. La mujer se acerca, hablando a gritos con la persona que está del otro lado de la conexión celular. Camina lentamente. Le tengo a puerta abierta. Me mira. No da las gracias. Ni siquiera mueve la cabeza ligeramente en señal de agradecimiento. Entra a la oficina de correos con su escándalo. La gente en el lugar se vira a verla. Ella sigue con su gritería. “Mira, Berta, yo te dije que ese era un mal negocio. Pero tú no le haces caso a nadie, Berta. Tienes la cabeza muy dura.”

A mi me entra furia. Me dan ganas de hablarle. “Perdóneme, señora. Pero usted es una chusma. No da las gracias, habla a gritos y además está muy mal vestida. ¿No se da cuenta, señora, que esos pantalones ajustados no son para usted?
  Usted no tiene la edad ni la figura , querida amiga.  Y, señora, ¿que hace usted con esa blusa que deja al descubierto su vientre? Esos son diseños para muchachitas jóvenes y esbeltas. Usted es barrigona, señora, y tiene arrugas en la barriga. Y, señora, ¿Por qué grita tanto? ¿No le funciona bien el celular? ¿O es que su amiga Berta es sorda? ¿O será que Berta es una chusma como usted y está dando gritos del otro lado de la línea telefónica?  Y ese negocio del que usted intercambia gritos con Berta, y  del que todos nos hemos tenido que enterar ¿qué es? Debe ser un negocio sucio. Es un negocio de drogas o de juegos ilícitos, ¿no?  Y, señora, cuénteme, ¿Quién le hizo el tinte de pelo? ¿Cómo es que se llama ese tinte, color cucaracha?”

Todo eso quiero decirle. Pero me contengo. No sería cortés hablarle así. Pienso que mi mamá me diría que hice mal. Pero más que todo, callo porque temo que la señora descortés, mal vestida y gritona posiblemente ande armada. Y si no está armada, al menos tiene una uñas muy largas, pintadas, por cierto, de un anaranjado tan escandaloso como su voz.  ¿Y si me araña? Decido callar, más por cobardía que por cortesía.
15/08/2010 23:01. ricardobrown #. sin tema

Un par de cosas. 31 de agosto/10

1. Hace días que no tengo tiempo de escribir aquí. Tengo demasiado trabajo. No sé si eso es bueno o malo. Quizás sea bueno, debido a que hay tanta gente sin trabajo y a mi me sobra. Quizás es malo porque no tengo tiempo de hacer cosas que me agradan, aunque hago mal. Como por ejemplo, escribir y pintar.

2. El Presidente habla esta noche de la guerra en Irak. Dicen que declarará que terminó la misión de combate estadounidense. Ojalá. Que mierda la guerra. Que mierda todas las guerras. Pero sobre todo estas que hemos estado librando en Irak y Afganistán. Envían a algunos jóvenes a morir. Y muchos cobardes que nunca han vestido un uniforme militar hablan a miles de millas de donde suenan los tiros de como hay que enfrentarse al enemigo. Hijos de puta. Para mi si el país entero no está dispuesto a aportar alguna cuota de sacrificio, no vale la pena una guerra. En la Segunda guerra Mundial fueron los ricos al frente de batalla. La gente que se quedaba en el país compraba bonos de guerra, se sometía al racionamiento. Este tipo de guerra donde se quedan en casa los hijos de los ricos y de los políticos y el resto de la gente no aporta una mínima cuota de sacrificio es inmoral. 

31/08/2010 14:58. ricardobrown #. sin tema