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RICARDO BROWN

La revolución del pasado martes. (21 de enerto/10)

El mismo deseo de cambio que favoreció a Barack Obama y lo llevó a la Casa Blanca el año pasado, ayudó esta vez a Scott Brown en exitosa campaña para representar a Massachusetts en el Senado.

Ambos se presentaron ante el electorado como candidatos en contra del orden político establecido. Ambos libraron campañas insurgentes.  Campañas contra el “Establishment.”

A veces eso funciona en la política estadounidense.

Le dio resultados a Jimmy Carter en 1976. Condujo a Ronald Reagan a la presidencia cuatro años después. Fue lo que le garantizó el triunfo a Bill Clinton en 1988.

En Estados Unidos, la gente no se lanza a las calles ni se alza en las montañas cuando se harta del gobierno en el poder. Pero si se producen revoluciones en este país. Pacíficas, sin muertos ni sangre. Pero revoluciones de hecho en que el pueblo se quita de encima lo que no quiere.

Eso es lo que ocurrió en Massachusets el pasado martes.

La cobertura de la tragedia en Haití. (21 de enero/2010)

Soy de los que piensan que es bueno que ha surgido un nuevo tipo de periodismo: El periodismo ciudadano. Los blogs. You Tube. Todo lo que se puede enviar a través de la Internet.

Pienso también que es importante que sobreviva el periodismo tradicional. Un buen ejemplo es la cobertura que han estado dando los periódicos y la televisión a la tragedia en Haití.

En particular, me ha parecido muy bueno lo que ha estado haciendo Univisión. Sobre todo el trabajo de Enrique Teuteló.

Sobre la reforma sanitaria. (20 de enero/10)

Después de las elecciones ayer en Massachusetts, nadie sabe lo que ocurrirá con la reforma sanitaria. Pero nadie duda que hacen falta cambios en el sistema sanitario de este país. Yo pienso que es esencial que ocurra lo siguiente:

  1. Se debe prohibir que las compañías de seguros excluyan de la cobertura  a las personas con condiciones médicas crónicas.
  2. Hay que acabar con el fraude al Medicare y el Medicaid. El fraude encarece el cuidado médico para toda la población. Hay que combatir el fraude en todos los niveles. Es justo que encarcelen a los dueños de clínicas y empresas de servicios y equipos médicos que estafan millones Deberían también perseguir a los estafadores de pacotilla que, a cambio de unos pocos dólares, prestan sus números de social security, Medicare y Medicaid para que los estafadores en grande puedan robar.

Lo que ocurrió en Massachusetts. (20 de enero/10)

Lo que ocurrió en la contienda de Massachusetts es evidencia de que en este país, al menos en un enorme segmento de la población, hay mucha gente que mantiene un saludable escepticismo sobre los políticos. Es gente que no cree ni en partidos políticos ni mucho menos en caudillos. Yo me cuento entre esa gente.

Yo no soy republicano ni demócrata, aunque he votado a favor y en contra de candidatos de ambos partidos. Me niego a aceptar etiquetas de liberal o conservador. Me parece que hay ideas liberales buenas y malas e ideas conservadoras malas y buenas.

Sobre Obama, me cae bien como persona. Pienso que es inteligente, educado, fino y bien intencionado. Pienso que es un excelente padre de familia. Me parece admirable que un afro americano haya logrado llegar a la Presidencia de Estados Unidos.

No entiendo a la gente esa que sigue insistiendo en que es un musulmán secreto o que nació en Kenia. Tiene derecho a pensar así quien quiera hacerlo. Pero yo no he visto ninguna evidencia creible de que esas cosas terribles que se dicen de él son verdad.

Ahora, me molesta la gente fanatizada  a favor de Obama. Los que lo endiosan. Pienso que no es recomendable ser fanático de ningún político ni ningún partido político.

Lo sucedido ayer en Massachusetts es saludable. Yo pienso que hace falta una reforma sanitaria en este país. Pienso que es terrible que haya tanta gente sin seguro médico. Pero los proyectos de reforma sanitaria aprobados en la Cámara de Representantes y en el Senado son monstruosidades que crearían más problemas que los que resolverían. Pienso que los demócratas, en vez de velar por la gente sin seguro médico, lo que hicieron al final fue beneficiar a las compañías de seguro y las empresas farmaceúticas.

Me molesta también eso de tener obligatoriamente que comprar un seguro médico. Para mi, eso es inconstitucional. ¿Qué otra cosa me va a obligar a comprar el gobierno? Tampoco me gusta lo que dicen los demócratas sobre los costos de sus propuestas de reforma sanitaria. Pienso que nos engañan. No hay forma en que se pueda extender la cobertura de salud a unas 30 millones de personas que no la tienen ahora sin que el resto de todos nosotros tengamos que pagar por ello. Bullshit. ¿Y donde están los médicos, las enfermeras y enfermeros, los técnicos de laboratorio, los hospitales, las sábanas para las camas de esos hospitales.

Quizás como tema ético, como tema de justicia social, como meta humanitaria, es bueno discutir y lograr una cobertura sanitaria para toda la población. Pero me ofenden los argumentos simplistas de que no vamos a tener que pagar el costo como sociedad y como individuos.

Alguna gente a veces me habla de que si en Alemania, que si en Francia, que si en Japón, hay cobertura médica universal. No me parece que son buenas comparaciones. Yo, por mi parte, prefiero la forma en que está organizada la sociedad aquí en Estados Unidos. Países como Alemania, Francia y el Japón están organizados de una manera muy distinta. Esos países, esas sociedades, tienen cosas muy admirables. Pero yo vivo en Estados Unidos. Yo pienso que se deben buscar soluciones a los problemas económicos y sociales de acuerdo a nuestra realidad nacional.

Parte de esa realidad nacional es que nuestra tradición en Estados Unidos es que la gran mayoría no cree ni en partidos políticos únicos ni en caudillos iluminados. Hay fanáticos y gente obstusa que a veces odia al adversario y está dispuesta a creer cuanta calumnia se diga de él y hay otros que siguen ciégamente lo que diga el líder a quien veneran o el partido político del que forman parte. Pero esa es la minoría, por mucho escándalo que forme, al cual, por supuesto, tienen derecho.

La mayoría es gente sensata, que piensa por si misma y que, generalmente, no come cuento. Ahí ven lo que pasó en Massachusetts. Obama gano allí por 26 puntos porcentuales en las elecciones del 2008. Ese es considerado como el estado más "liberal" del país, la cuna de los Kennedy, el primer estado de la nación que legalizó los matrimonios gay. Y ayer enviaron un claro mensaje: "No nos van a dar gato por liebre."

Seguiré.

 

 

Clase. (Martes 19 de enero/10)

 

Me agrada la caballerosidad. ¿Habrá “damosidad”? ¿Será que una mujer de finos modales, de trato cordial, una dama, practica la caballerosidad? ¿No podríamos inventar una palabra más neutral, menos machista, que caballerosidad? Pero, bueno, yo no soy muy bueno en eso de las palabras. Y lo que existe, lo que conozco yo, es caballerosidad. Y me agrada.

¿A que me refiero? Bueno pues me impresionó mucho que el ex presidente Eduardo Frei felicitara a Vicente Piñera, que lo derrotó en las elecciones en Chile el pasado domingo. Al igual que me pareció excelente aquel discurso de John Mc Cain de la noche en que aceptó su derrota amte Barack Obama. Y me encanta lo bien que se llevan Bill Clinton y los dos ex presidentes Bush.

Por otro lado, detesto la agresividad chusma  de quienes ven cualquier desacuerdo como una guerra en la que hay que destruir al adversario, meterse con su familia y burlarse de sus corbatas.

 

 

 

Regalo Cuadros. (17 de enero/10)

 

Les cuento. No soy pintor. No estudié pintura. Probablemente se nota en lo que hago. Hace años – no muchos- tenía algo muy importante con una niña que pintaba. Comencé a pintar por ella, o con ella. Aquelló (la relación) terminó.  Pero yo seguí pintando.

Me obsesioné. Soy así, obsesivo. Comencé primero, pienso, imitando. Luego me fui liberando. Inventándome flores, peces, paisajes, personajes, frutas y verduras que existían solo en mi imaginación y que plasmé en lienzos, madera y papel. Pintaba a todas horas. Rompía citas. Me encerraba.

Regalaba las pinturas si alguien me las pedía. Algunos amigos generosos me decían que debía venderlas. Alguien me convenció que hablara con algunas galerías. Lo hice. Sorpresivamente, una galería me pidió vender algunos de mis cuadros durante el Festival de Arte de Coconut Grove. Otra galería, bastante importante, me pidió varios cuadros. Los iba a llevar durante los días feriados. Pero estuve muy ocupado. Después los iba a llevar en estos primeros días del año. Pero el frío que azotó al Sur de la Florida me paralizó.

Entonces ocurrió lo de Haití. Me tiene muy angustiado lo de Haití. Yo conozco muy bien a ese país y a su gente.  Que es como decir yo amo a ese país y a su gente. Por muchísimas razones. Entre ellas por sus pintores. Me acordé de algunos de esos pintores. Me acorde de todos. De su formidable talento y su humildad.

No sé que me ha pasado. Por alguna loca razón creo que pinté mis cuadros para Haití.

Y ahí están. Si les gusta alguno, pídanmelo. Pero por favor hagan una donación directa, lo que sea, a una de las organizaciones que están recaudando ayuda para Haití.

Yo me he pasado la vida visitando museos, exposiciones y galerías. Mi casa está llena de libros de arte. En mi familia, que sepa yo, solo hay dos pintores. Una tía que estudió en San Alejandro y su esposo –mi tío politico- que llegó a ser bastante conocido. Los quise mucho de niño.

Lo mío no es de gran calidad. Lo ofrezco con cariño y humildad. Por mis tíos que pintaban, por los pintores haitianos, por todos los pintores que he amado desde niño, por Van Gogh, Goya, Amelia, Modigliani, por el Velásquez de España y el Velásquez de Honduras por Alexander Calder.  Por los famosos y los que nadie conoce.

Por Haití y su arte, su música, su poesía, su historia y su gente.

Puse algunos cuadros en mi página de Facebook. Si quieren uno, háganmelo saber.

Pero por favor, ayuden a Haití. Ahora y todo el tiempo que se necesite.

 

 

 

No puede ser que sea como dice Robertson. (Domingo 17 de enero/10)

 

Lo que dijo Pat Robertson sobre Haití es una locura. En primer lugar, el señor confunde las fechas y los personajes. Napoleón Tercero, o Luis Napoleón Bonaparte, ni siquiera había nacido cuando los haitianos se rebelan contra Francia. Parece que el señor Robertson se confunde entre el Emperador Napoleón y su sobrino, conocido como Napoleón Tercero.

Pero, bueno, Robertson no es un historiador. Y no le interesa mucho la exactitud en cuanto a fechas y personajes. Lo que si dice ser Robertson es interlocutor de Dios, pero creo que tampoco sea eso.

En primer lugar, esa ceremonia “vudú” con  pactos con el Diablo a que se refiere Robertson es disputable desde el punto de vista histórico. Probablemente fue un invento de los colonos haitianos. Comencemos por ahí.

Y sobre que el terremoto y las demás desgracias que le han ocurrido al pueblo haitiano como castigo de Dios, ¿de qué Dios hablará Robertson?

¿Cree Robertson en un Dios que mataría a niños inocentes, a ancianos, a todo tipo de gente indefensa, porqué está enojado por algo que supuestamente pasó hace 200 años?  ¿Cree Roberson en un Dios tan vengativo y genocida?

Yo no soy teólogo. Pero a mi no me suena ese Dios en que dice creer Robertson como el Padre de aquel que nos convocó a poner la otra mejilla.

Yo creo. Creo en un Dios que ama y perdona y se identifica con los más débiles. 

 

Haití no es una isla. (17 de enero/10)

No es una isla.

Haití no es una isla.

Es un país que comparte una isla, junto a Republica Dominicana.

No sigan diciendo cosas como “la isla de Haití.”

Creo que me estoy enamorando. (Sábado 16 de enero/10)

 

Estaba harto del frío. ¿Cuantos días consecutivos hubo de gélidas temperaturas? ¿Diez, quince? Un montón. Y el frío en Miami es peor que en cualquier otro lugar. Caramba, yo vivía en Nueva Inglaterra. He estado en Noruega, en Montreal, en Alemania, en pleno invierno. Pero juro que en Miami el frío pega más duro. Sobre todo cuando es un día tras otro.

Quizás en mi caso la cosa es sicológica. Yo me mudé para Miami porque hubo una tormenta invernal en Washington DC, donde estaba viviendo, que paralizó la ciudad. Y me cansé. Me cansé del invierno, del “freezing rain,” de la nieve amontonada en las calles.  En Washington no saben lidiar con la nieve.  Se demoran días en limpiar las calles. Decidí mudarme para Miami, aunque me encantaba Washington, como me gustaba también vivir en Nueva Inglaterra.

Me costó trabajo adaptarme a Miami. Extrañaba a mis amigos del Norte. Extrañaba los museos, los conciertos, el teatro, las librerías, los restaurantes.  Pero no extrañaba el frío. Y me deshice de casi toda mi ropa de invierno. Me metí en la cabeza que en Miami nunca hacía frío. Que en Miami uno no se ponía suéteres ni bufandas. Y llegaban los pocos días de frío miamense y me la pasaba maldiciendo el clima. Pero me vestía como si no hubiera frío. Total. Eran unos pocos días de frío,  de vez en cuando. Pero el frío de los primeros días de este 2010 es otra cosa. Fue un frío para cortarse las venas. Era insoportable en la calle y dentro de mi casa, que no tiene calefacción. Me perseguía el frío. Me torturaba. Saqué la ropa invernal que me quedaba. Unos suéteres que compré en Noruega. Unos sombreros que compré en Connecticut y en Praga. Unos pantalones de corduroy que compré en New Hampshire. Una bufanda que compré en Londres.  Todo viejísimo, pasado de moda. Trapos verdaderamente “vintage.” También salí y  compré ropa interior térmica.  Anduve disfrazado. Me comentaba la gente que parecía un cazador, un campesino irlandés, un ridículo, un loco arrebatado. Me importaba un bledo.  Además de abrigarme, tenía que disfrazarme para enfrentar el frío. Para huirle al frío. Pensaba que el frío me odiaba a mi, personalmente , que queria vengarse de mi por hablar mal de él. Y por eso me disfrazaba. Para que no me conociera. Pero nada. El frío me seguía mortificando. Se burlaba de mi. Juro que escuchaba su risa. Y un día se fue. Pero me dejó agotado. Hoy la temperatura ha estado bastante agradable. Y salí a la calle. Me fuí a Miami Beach a una exposición de dibujos de John Lennon. Compré incienso en una tiendecita exótica. Luego comí  con uno de mis hijos en un nuevo restaurante alemán en Lincoln Road. Me supo muy bien la cerveza que  bebí. Me gusto la comida. Hice cosas sencillas. Nada del otro mundo.  Pero disfruté mucho el día.

Miami se veía muy bien hoy. El cielo estaba nublado. Pero había luz. Y no había frío. En Miami Beach, la gente inundó Lincoln Road. Turistas, gente del patio con sus perros, uno que otro personaje extravagante, y todo un ejército de mujeres bellas. 

Al regreso de Miami Beach escuchaba en el carro un CD de Eddie Palmieri. Es tremendo Eddie Palmieri. Su música me recordaba Nueva York en los setenta y los ochenta. Amo a Nueva York. Amo  aquellos tiempos,  cuando era más joven. Pero con el trombón de Barry Rogers, el bajo de Cachao, la garganta de Ismael Quintana, y la magia al teclado de Eddie Palmieri como música de fondo, miré hacia el horizonte y vi el “skyline” de Miami. Y  me di cuenta que le estoy cogiendo cariño a Miami. Me estoy enamorando de Miami, después de tanto tiempo.

Ojalá que no regrese el frío y me quite está sensación. Ojalá no me cambie el “mood.”

 

Un par de notas sobre Haití. (6:55 PM, viernes 15 de enero/10)

1. Fue muy buena la cobertura desde Haití de Univisión esta noche.

Buenos reportajes.

Buen trabajo de cámara.

Buena edición.

Buen periodismo.

Se reconoce y se agradece.

 

2. Menos mal que el Presidente Obama otorgó el TPS a los haitianos. Thank you, Mr. President.

 

 

Pensaba.....(Miércoles 15 de enero/10)

 

Veía ayer la cobertura de Haití por los canales de televisión en ingles y español.

Muy buena la cobertura en ingles.

 

Que vergüenza que gane la re-elección un politico acusado de corrupción.

Que vergúenza que ocurran estas cosas en una ciudad como Miami, con problemas financieros que probablemente lleven al gobierno municipal a la bancarrota.

 

Hay que ser generoso de espíritu. Hay que ser paciente. Me lo digo todos los días al levantarme. Trato de ser así. Pero me cuesta trabajo callar ante la mediocridad. Bastante líos me he buscado ya enfrentando la mediocridad. Es una plaga. No es que yo sea excelente en nada. Es que hay que buscar la excelencia.

 

“Oye, ¿y qué pasó? ¿Porqué no seguiste hablando de aquello?"

Me lo pregunta alguien.

Tengo mis razones.

Ya vendrá el momento.

 

 

Dios y Haití. (8:20 PM, 13 de enero/10)

Escuché por televisión a un demente decir que lo que ocurre en Haití es castigo de Dios.

¿Castigo porqué?

Creo en la libertad de expresión. Respeto la opinión ajena. Pero confieso que me hubiera sido difícil resistir la tentación de mandar al carajo a la persona que dijo esto si la hubiera tenido frente a mi.

Ahora que pasó un rato, pienso esto:

Ya que a veces nos creemos que podemos interpretar el pensamiento de Dios, ¿porque no contemplar la posibilidad de que quizás nos juzgue por la generosidad que mostremos con un pueblo hermano tan sufrido?

Yo no soy estoy seguro de nada.

No tengo comunicación directa con Dios.

No me susurra al oido ni me llama al celular.

Pero, caramba, yo no me imagino, no concibo, a un Dios que sea monstruosamente cruel y desate la furia sobre uno de los pueblos más desdichados de este planeta.

Prefiero imaginar a un Dios que nos convoca a la solidaridad.

1. Haití. 2. Elecciones especiales en Miami. (13 de enero/10)

Associated Press cita un senador haitiano que asegura que hay más de medio millón de muertos como resultado del terremoto.

¿Podrá ser?

El Primer Ministro de Haití dice que son más de cien mil los muertos.

Medio millón. Más de cien mil.

El hecho es que hay una montaña de muertos.

Que horror.

Supongo que habrá que incinerar los cadáveres.

No hay tierra para sepultar a tantos muertos.

La tragedia en Haití apenas comienza.

Se vinieron abajo varios hospitales en donde ya escaceaban centros m

Se vinieron abajo varios hospitales en donde ya escaseaban centros médicos y abundaban las enfermedades y los enfermos.

Vendrán epidemias en el país con  peor sanidad en todo el Nuevo Mundo.

Vendrá más hambre en el país más pobre del hemisferio.

Cayeron fábricas y otros centros de trabajo en el país con más desempleo y más explotación de quienes trabajaban.

Se desplomaron hoteles en un país que al menos recibía divisas del turismo, aunque nunca tanto como otros lugares del Caribe.

Pudiera seguir.

No puedo.

Se me anuda la garganta.

 

Participó solo un puñado de gente en las elecciones especiales que se celebraron en Miami para llenar los escaños en la Comisión Municipal que quedaron vacantes después de que dos comisionados fueran acusados de corrupción.

Las elecciones costaron $350 mil dólares.

Uno de los comisionados acusados renunció a su cargo como parte de un acuerdo con la Fiscalía.  Mediante el acuerdo, evitó ir a la cárcel. Pero se comprometió a no postularse a cargos electivos por varios años. Quien sabe. Quizás hubiera ganado las elecciones de ayer.

Eso es precisamente lo que ocurrió con el otro escaño disputado en los comicios especiales. Lo ganó precisamente la comisionada que fue destituida por el gobernador despues de que fuera acusada. El gobernador ha prometido destituirla de nuevo. Ella, la comisionada, ha acudido a los tribunales para impedirlo.

Y yo me pregunto: ¿Vale la pena gastarse $350 mil dólares en unas elecciones especiales en que sale a votar poca gente y una de las ganadoras resulta ser una acusada de corrupción?

Yo pago impuestos en Miami.

Me contesto la pregunta yo mismo:

No. No vale la pena.

 

 

Haití Cherie (13 de enero/10)

 

Desperté pensando en Haití. ¿Cómo iba a ser? Tengo tantos recuerdos de Haití. Siento tantas cosas ahora por Haití. Y en este momento no sé expresarlas. Pero encontré un viejo poema, mal logrado, que una noche me nació en Haití. Es sobre alguien  a quien quería mucho  entoces. Alguien que me quería a mi. Hoy somos amigos en la distancia. Amigos que se quieren y se desean lo mejor. No sé porqué, pero siento urgencia de colocarlo aquí. Por aquello que sentí en Haití aquella noche en que me creí poeta. Haití siempre me hizo creer cosas maravillosas. Y hoy que vuelve a sufrir Haití, que su gente vuelve a llorar, no sé de que otra manera expresar el dolor que siento, el sentido de que más que  una catástrofe natural ha ocurrido una terrible injusticia. Como siempre. No comprendo porque el destino es tan injusto con Haití

 

HAITI

Hay un millon de estrellas

y una brisa que trae aroma de hierba mojada

  y trae el sonido de música y risas.

Miro hacía el mar.

Una luz parpadea en la lejanía.

Me imagino una sirena, un marinero casi niño.

O casi viejo.

Un suspiro.

Un beso a escondidas. 

Un adiós de amantes.

Miro hacía la ciudad.

Y la noche y la distancia engañan.

   Desde las lomas de Petionville,

Puerto Príncipe luce bella.

Elegante.

Alegre.

Próspera.

Pero de pronto pienso que nunca he escuchado

    el trinar de un ave en Puerto Príncipe 

    ni he visto un arcoiris.

Y me doy cuenta en este  momento que  ni siquiera sé si crecen flores 

     en Haití.

La tristeza me invade.

       y me atenaza el pecho

      Me duele Haití.

Hasta que

      como milagro

siento tu imagen

y recuerdo que tú amas a Haití.

Sonrío.

Sé que en la mañana cantará un ruiseñor

     y el cielo estallará en colores deslumbrantes

     y en la brisa flotarán pétalos

     de rosas silvestres

     y se sentirá su fragancia.

Sé que todo eso es posible.

Porque 

      aunque esta noche te extraño

sé que existes.

 

Petionville, Puerto Príncipe. 15 de diciembre de 1995

Regreso aquí. 12 de enero/10

Al momento de escribir esto, apenas comienza a llegar informacin sobre el terremoto que sacudió a Haití. Hay pocos detalles. Pero de seguro el saldo humano y material será horrendo.

Yo me siento impactado. Conozco bastante bien a Haití. Le tengo cariño a su gente, a su historia, a su música, a su arte. No entiendo porque se ensaña la madre naturaleza con un país tan sufrido y pobre.

 

Gracias, Emilio Ichakawa, por tus generosas palabras. Mi pintura no merece elogios. No es de gran calidad. Sí tiene, creo, honestidad. La honestidad sencilla de un niño. Pinto como un niño. Me vuelvo niño con pincel en mano ante un lienzo.

Te cuento, por cierto, que le perdí el miedo a pintar precisamente por Haití, Honduras y Nicaragua, países donde abundan los pintores naif. Jamás seré tan bueno como ellos. Pero admirando su obra, conversando con ellos, aprendí una nueva definición del arte. Aprendí que vive en todos nosotros y que pide, nos exige, que le demos expresión.

Ellos, los pintores que conocí en Haití, Honduras y Nicaragua, son, junto a Calder, y mi tío Pepe Cid, mis maestros.

 

¿Porqué dejaste de escribir en el blog? Es una pregunta que me han hecho varios. Bueno, pues vuelvo a escribir. Dejé de hacerlo por falta de tiempo. Por los “holidays.” Por mamera, como dicen los colombianos. Por no se que. Quizás dejé de hacerlo porque no tenía nada que decir. De todas maneras, gracias por preguntar.

 

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A Ghetto Lullaby. 8 de diciembre/09

 

Corría el 1977. Yo era bastante americano entonces. Hablaba más inglés que español. Trabajaba de reportero en una estación de televisión en ingles en Hartford, Connecticut.

Había dos estupendas productoras en la estación que, además de colegas, eran amigas. Beth Rawles era afroamericana. Diana Alverio era puertorriqueña.  En aquellos tiempos la calidad de la televisión local en este país era muy buena y  sobre todo en Nueva Inglaterra. Se buscaba la excelencia.

Una de las responsabilidades de Beth y Diana en la estación era producir documentales. Hacían un trabajo verdaderamente extraordinario. A mi me toco trabajar con ellas en algunos de esos documentales. Aprendí mucho de Beth y Diana, que, por cierto eran muy jóvenes en aquel tiempo. Todos éramos jóvenes. Esa es una de las razones, quizás, por las cuales cada vez más atesoro mis recuerdos de aquella etapa de mi vida. Yo sentía –siento- una enorme admiración y respeto por Beth y Diana. Con ellas me tocó ganar varios importantes premios de documentales.

Uno de esos documentales tuvo que ver con uno de mis músicos de jazz favoritos, el saxofonista Jackie McLean, quien, junto a su esposa, se había mudado a Hartford. Jackie estaba enseñando en la prestigiosa Hartt School of Music, un conservatorio que es parte de la Universidad de Hartford. Allí,  por cierto, estudió hace muchos años el afamado compositor y guitarrista cubano Leo Brouwer. La esposa de Jackie, Dollie, que era actriz,  era la jefe del Consejo de Artes y Cultura del gobierno estatal. Creo que se llamaba así aquella dependencia pública. La verdad es que no importa

Lo que sí importa para mi es que llegue a conocer a Jackie y Dollie, que eran gente extraordinaria.

El documental quedó bien, gracias a la producción y supervisión de Beth y Diana. No sé que se ha hecho del mismo. Quizás esté en los archivos de aquella estación de televisión. Tal vez Beth o Diana guardaron una copia. Yo nunca he guardado nada de lo que he hecho en televisión. Soy así.

Pero a lo que voy, es que siempre había sido amante de la música de Jackie McLean. Y después conocerlo en persona aún más. Tengo muy gratos recuerdos de las veces que visité a Dollie y Jackie en la maravillosa casa que tenían junto al Elizabeth Park de Hartford. Eran geniales.

En una de esas visitas, Jackie me regaló un album de su música con una de sus mejores interpretaciones. El album se llama “A Ghetto  Lullaby,” y lo grabó en vivo en un club de jazz Copehagen en 1973, junto a tres excelentes músicos, incluyendo al pianista Kenny Drew. Uno de los temas, “Where Is Love?,” es uno de mis temas predilectos.

Hace varias años, le presté el album a un amigo amante del Jazz. Nunca me lo devolvió. Mi amigo vive ahora en España. Yo lo he perdonado por no haberme devuelto el album.

Pero no me perdono a mi mismo por no haber mantenido el contacto con gente como Beth, Diana, Jackie y Dolly. El largo y agitado  viaje de la vida a veces nos separa de gente cuya compañía era importante.

Después de que me separara de aquel album de Jackie McLean que le presté a mi amigo que se fue para España, por mucho tiempo busqué otro copia del album “A Ghetto Lullaby.” No lo encontraba por ninguna parte. Hasta ahora. Esta mañana, hace poco rato, recibí por correo un CD de “A Ghetto Lullaby,” que es parte del inventario de una casa musical de Dinamarca. Maravillas de la Internet.

En estos momentos escucho “Where Is Love?” Y recuerdo a Jackie y Dollie McLean  y a Beth y Diana. Recuerdo también a Carlos, mi amigo que se quedó con el album original. Lo perdono porque es olvidadizo  y amante del jazz como yo, además de ser un tipo fuera de serie.

Escucho la música y pienso en los amigos. En la gente que he podido conocer. En las cosas buenas que me ha tocado vivir. Me siento afortunado.

 

Divagaciones II. 6 de diciembre/09

Es domingo.

Este es el ultimo día, creo, del Art Basel en Miami Beach.

Me parece que no voy a ir.

Disfruto mucho del arte.

Me he pasado la vida metido en museos y galerías.

Pero no tengo muchas ganas de ir al Art Basel.

Demasiada gente.

Demasiada comemierdería.

Leí esta mañana que durante uno de los eventos del Art Basel Naomi Campbell se peleó con una pareja que la increpo por sus ideas políticas.

Dice el periódico que Naomi le dijo unas cuantas groserías a estas personas.

Uf.

Las ideas políticas de Naomi Campbell son despitadas.

Equivocadas.

Estúpidas.

Pero, ¿importan tanto cómo para uno la increpe en público?

Come on.

¿Tiene derecho alguien a abordar a una persona en la calle o en un evento público o privado y comenzar a pelearle?

¿Qué esperan como respuesta?

Sobre todo de una tipa como Naomi Campbell que tiene fama de ser agresiva.

Yo, definitivamente, no le digo nada si me la encuentro.

Quizás la mire así como de reojo, por curiosidad, sin que ella se de cuenta.

Pero, caramba, por muy antipáticas que sean sus ideas políticas, ¿que derecho tiene uno de, asi de la nada, caerle encima y comenzar a regañarla?

Que diablos importa lo que piense o deje de pensar Naomi Campbell.

Y bueno, quizás es por eso que casi es seguro  que no vaya al Art Basel.

Porque leí eso en el periódico.

¡Imagínese usted!

Ir uno a disfrutar del arte y tenerse que topar con una bronca entre Naomi Campbell, que tiene fama de iracunda, y unas personas que buscaron pleito con ella por sus ideas políticas.

No jodan.

Esa no es una buena forma de ir a disfrutar el arte.

 

Divagaciones. 3 de diciembre/09

El mundo es uno mismo.

No sé quien lo dijo.

No sé si es que verdaderamente lo dijo alguien.

O si lo inventé yo.

O quizá es una síntesis de cosas que he visto, que he escuchado, que he leído, que sé yo.

La cuestión es que he decidido que el mundo es uno mismo.

Lo que uno piensa.

Lo que uno ha vivido.

Lo que uno sueña.

Quizá mañana o de aquí a un año piense de una manera distinta.

Pero en este momento pienso que el mundo es uno mismo.

Pensándolo bien, el tiempo es ahora mismo.

Tampoco sé de donde me sale eso.

Hubo un tiempo en que leía mucho a Krishnamurti.

No sé si lo entendía.

La verdad es que nunca sé si entiendo nada.

Pero me impacto algo que dijo Krishnamurti.

Dijo que después de pasarse toda una vida meditando, investigando, buscando el significado de la vida, decidió que todos tenemos nuestra propia definición de lo que es.

Es decir, que está dentro de nosotros la capacidad de encontrar la respuesta.

Creo que eso es lo que quiso decir Krishnamurti.

Y si no fue eso, la verdad es que yo lo entendí así y me gusta el concepto,

Al menos en este momento.

Yo me he leído a mucha de esa gente que ha viajado adentro y afuera en busca del significado de la vida.

Algunos que me han impresionado son Kierkegaard, Thomas Merton, Thich Nhat Hahn, San Agustín de Hipona.

¿Que mezcla rara, no?

Eso me dijo alguien una vez.

Alguien que también me dijo que leer a Thich Nhat Hahn es como comer corn flakes.

Me dijo esa persona que Thich Nhat Hahn es como el Walt Disney del Budismo.

Cosas así me dijo esta persona.

No le hice caso.

Aunque a lo mejor si le hice caso, porque menciono ahora lo que me dijo.

Whatever.

Y claro que he buscado en la poesía, la novela, el ensayo, la pintura, la música.

En la poesía, por ejemplo, me encantan Vallejo,

Pedro Salinas, Manuel Machado, José Agustín Goytisolo.

Y Carl Sandburg, Emily Dickinson y,  por supuesto, Whitman.

¿Será un clisé eso?

Sandburg, Dickinson y Whitman son poetas que uno estudia en high school.

¿Quiere decir que son poetas de la cultura popular?

¿Quiere decir que son algo asi como la comida rápida?

¿Que si su poesía se comiera se vendería en los McDonalds?

Bueno, pero es que hay comida rápida que es sublime.

Un taco, por ejemplo.

A mi me parece que los tacos que venden en las calles de la Ciudad de México vienen siendo parte de una haute cuisine.

Sobre todo los que venden por allí cerca de la Alameda Central.

Que locura, ¿no?

Salto de Sandburg, Dickinson y Whitman a los tacos de las cercanías de la Alameda Central en el DF.

Quizá es que una de las obras de arte que más me han impresionado es precisamente el mural de Diego Rivera, “Sueño de una tarde dominical de la Alameda Central.”

Claro.

Es eso.

Sobre los otros poetas que mencioné, los que escribían en español:

¿Si su poesía se comiera, donde venderían los poemas de Vallejo, Pedro Salinas, Manuel Machado y José Agustín Goytisolo?

Pero bueno, la verdad es que no hay conexión entre una cosa y la otra.

La poesía y la comida.

Y de todas maneras, he omitido a otros poetas que me han impactado.

Amado Nervo, Yeats, Mallarmé, José Martí.

¿Cómo puedo dejar fuera a Martí?

Sobre todo si está allí en el mural de Diego Rivera, junto a la imagen de la muerte.

No es bueno omitir.

Sobre todo a Martí.

De todas maneras, quizá los poetas no saben lo que es el significado de la vida.

La idealizan a veces.

La distorsionan.

Uf.

Ahora recuerdo que alguien me dijo que uno no lee poesía para buscar el significado de la vida.

Fue una niña que se llamaba Helen.

Me lo dijo junto a Walden Pond.

Yo estaba enamorado de ella.

Y ella de mi.

Así lo recuerdo.

¿O lo inventé?

Whatever.

Demasiadas divagaciones por hoy.

They're as phony as a three dollar bill. Hadn't heard that phrase in a while. I think it fits here. Nov. 29/09

 

I know an old  dude who’s been in this country for over 40 years. He says he loves the country where he was born, but that he also adores the US to which he often refers as “this land of freedom that has so generously received us.”

I think this guy’s an asshole. He’s lived here for forty years but I don’t really think he knows much about the US or that he loves this country.

For one thing, he never bothered to learn English. He’s always bitching and moaning about undocumented immigrants from other Latin American countries. He says they’re ruining the US. He says that if it were up to him, he would round them up and kick them out. He also hates Blacks. He would send them back to Africa, he says. Yet he’s so arrogant and stupid that, after four decades in this country he has been unable or unwilling to learn the language of common usage. He knows very little about the US., its history, its traditions. In my opinion, most of those undocumented immigrants he despises are definitely better Americans that he is. Most of them are decent,  hard working people who came here with dreams. Most of them are grateful for being here.

This other idiot is a hater. A stupid, intolerant asshole who does not know or really care anything about US history, literature, customs or anything having to do with the best of this country’s ideals and principles.

This guy’s son grew up in this country. They, too, claim they love the US. They speak good English, but they were draft dodgers during the Vietnam War. At least that’s what I think they are. Somehow they managed to avoid military service when it was compulsory. They’re the type of patriots who believe that someone else and some else’s kids should fight the wars while they stay home and make money.

And that money making part doesn’t seem to be all that legit.

 

 

Afghanistan Nov. 29, 09

President Obama will announce on Tuesday whether he will send more troops to Afghanistan.

I think maybe he should send Congress to Afghanistan to fight Al Qaeda and  the Taliban.

This whole Afghanistan issue is a bit hypocritical to me. We all talk about war. But only a small segment of our young people actually go out and fight the war. The rest of us watch football games on television, go to the mall and argue about whether Tiger Woods was really involved in  a car accident or he got beat up by his jealous Swedish wife.

I despise Al Qaeda and the Taliban. They’re murderous, medieval assholes. But if we’re going to fight them, we should all be involved in some way. We should all be called to make some sort of sacrifice. There’s something definitely wrong with dumping all the sacrifice on our young people in the military.

I