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RICARDO BROWN

Lousy Sunday News Shows Today. 8 de agosto/10

Tengo la costumbre de sintonizar los programas de análisis noticioso que transmite la televisión los domingos. Hoy lo hice. Brevemente vi a Chris Matthews en el Canal Seis de la Nbc en Miami. Lo quité enseguida. Me parece una vieja histérica Matthews. A veces, si el tema es interesante y los invitados son buenos,  mantengo la sintonía. Pero hoy no lo fueron. Y Mathhews me pareció especialmente insoportable.

Vi un pedazo de This Week en Abc. Cambiaron un poco el formato ahora que la presentadora es Christiane Amanpour. No me gustó. Me cae bien Christiane. Hubo un tiempo en que la conocía personalmente. Eramos casi amigos. Es una buena reportera. Pero no me gusta como presentadora de This Week. Y no me gusta que cambiaron a los participantes en la mesa redonda. Me gustaba la gente que tenía antes.

Pasando el canal vi que Ana Patricia Candiani presenta el segmento de noticias del programa Al Punto de Jorge Ramos en Univisión. Me alegro por Ana. Pero no vi el programa. Estaba Jorge hablando con la Ministra de Turismo de México. Francamente, el tema me importa un carajo..

LA OTRA TARDE VI NEVAR (Del libro "Escrito en Shenandoah" publicado por Isla Books

Eileen era rubia, de ojos azules y tez muy blanca. Era alta, con la  fina figura de una diosa celta.  La conocí una tarde de noviembre en que nevó muy fuerte. La nevada me sorprendió a varias cuadras de mi casa. Yo venía de regreso de mi trabajo de tiempo parcial , en el departamento de envíos y recibos de una fábrica de cojines. Tenía 18 años y estudiaba por las mañanas en el recinto del centro de la ciudad de la Universidad de Hartford. Al concluir las clases iba directamente al trabajo, que no era muy lejos de la universidad ni de mi casa.

Caminaba por la acera perdido en mis pensamientos cuando de pronto se abrió el cielo. No habían pronosticado nieve para ese día y para mi fue como un estallido de júbilo. Aquel día había sentido la extraña melancolía que inexplicablemente a veces aflige a los adolescentes. Pero ahora de repente me levantaba el espíritu el espectáculo ante mis ojos. Caían los copos de nieve y se cubría todo lo que me rodeaba con un manto de blanco. Me hacia sentir alegre. Me imaginaba a Dios sonriente y contento mientras caía la nieve y la vida misma se vestía de novia. Así me sentí la primera vez que vi una nevada después de mudarme al norte.  Y así fue también aquella tarde. Así ha sido siempre.  Cada vez que veo nevar es como la primera vez.

Llegué al pequeño edificio donde vivía con mi madre y mis hermanos. Llevábamos apenas unos días en el lugar. Había solo tres apartamentos, uno en cada piso. Los Alvárez, unos amigos cubanos,  vivían en el tercer piso. Nosotros nos habíamos mudado al segundo piso. Yo no conocía aún a la familia del primer piso. La señora Alvárez le había dicho a mi mamá que los inquilinos del primer piso  eran una mujer irlandesa y sus tres hijos. Por alguna razón,  nunca los había visto.

Yo estaba feliz. Me repetía a mi mismo en silencio que no había nada más bello que una nevada. Estaba convencido de ello. Hasta que entré por la puerta del edificio y ví a Eileen por vez primera. Supe en ese instante que hay algo que también llega del cielo pero que es  más deslumbrante aún que la nieve. Los ángeles.Y frente a mí tenía ahora al más bello de todos. Eileen estaba junto a la puerta de su casa. Iba a salir. Me saludó y conversamos brevemente y aquella voz era todo dulzura y magia. En unos minutos supimos mucho el uno del otro. Ella tenía 17 años y estaba en su último año de high school. Esa noche no dormí, pero soñé despierto con Eileen. Supe que la amaba desde ese primer encuentro, que la había amado siempre, mucho antes de haberla conocido,  y que estaba destinado a amarla por el resto de mis días. Juré que haría todo lo posible porque ella me quisiera a mí.

Y no sé como fue. El amor es misterioso.  Y a veces,  es tan grande el deseo de ser querido por quien uno ama,  que se logra el milagro. Muy pronto éramos novios. Yo estaba en la gloria. Vivía por estar con Eileen. Hablábamos horas y horas. Ella me contó su vida. No era del todo feliz.

Nació en Irlanda, en County Cork. Era la mayor de cuatro niños. Su familia había emigrado a Estados Unidos siete años antes. Vinieron a Hartford porque aquí vivía un hermano de su madre. El padre de Eileen  era ingeniero y muy pronto consiguió un buen trabajo en una fábrica de motores de aviones.  Vivían en una buena casa y eran felices hasta que un día el padre se desapareció. No supieron más de él.  Eso había ocurrido tres años antes. La madre de Eileen no sabía que hacer. Se había quedado sola, con cuatro niños en un país extraño. Nunca había trabajado. El tío trató de ayudar, pero era poco lo que podía hacer. Era un alcoholico que casi siempre estaba desempleado.

La madre de Eileen comenzó a trabajar de camarera para mantener a sus hijos. Pero no alcanzaba el dinero. Muy pronto, perdieron la casa y se mudaron al edificio donde nos conocimos, en un barrio obrero.  Un año antes de conocernos, la hermana de Eileen murió ahogada en un río, donde había estado nadando con un grupo de muchachos, entre ellos sus hermanos. La madre de Eileen sufrió una crisis nerviosa. Dejó de trabajar. La familia comenzó a recibir ayuda pública. Eileen tenía dos hermanos vivos. Ita, que también era bella, tenía 16 años. Leo, el menor, tenía 10 años. Noreen, la hermana que había muerto ahogada era la tercera de los cuatro hermanos. Tenía trece años cuando murió.

Eileen e Ita trabajaban dos horas de lunes a viernes en una farmacia después de terminar sus clases en el Hartford High School. Eileen y yo íbamos mucho  al cine, escuchábamos música y, sobre todo, teníamos largas conversaciones. Ella me pedía que le enseñara español y aprendió bastante en breve tiempo. Eileen era brillante. Le encantaba la literatura y soñaba con ser una escritora famosa. Aún antes de graduarse de escuela superior, le habían dado una beca para estudiar en la Universidad de Connecticut en Storrs.

Yo también amaba la literatura. Eileen yo coincidiamos en quienes eran nuestros  favoritos. Entre los poetas, nos gustaban Dickinson, Keats, Byron,  Shelley y Whitman; entre los novelistas,  Joyce, Fitzgerald, Hemmingway, Faulkner y,  sobre todo, Mark Twain. Ibamos mucha a la casa en que vivió Twain en Hartford, que hoy día es un museo y está a solo unos pasos del Hartford High School. Jurábamos que allí sentíamos la presencia de Mark Twain.

Eileen y sus hermanos habían perdido el acento irlandés. Pero la Señora Clancy hablaba como una pura irlandesa. Era una mujer muy golpeada por la vida y prematuramente avejentada, pero que conservaba cierta belleza y elegancia. En las mañanas siempre saludaba diciendo, “Top of the morning to you!”

Eramos felices Eileen y yo. Llevabamos meses de novio.  Yo estaba convencido que siempre estaría junto a Eileen. Pero al igual que conocí con Eileen que los milagros son posibles, también descubrí que no siempre son eternos. Una noche de abril  Eileen me dijo que su familia iba a regresar a Irlanda. Su madre estaba en muy malas condiciones sicológicas. Cada día era peor su depresión. La familia en Irlanda le pedía que regresara junto a sus hijos. Temían por los muchachos y sobre todo por Leo, el menor. Allá en Irlanda había abuelos, tíos y tías. Acá en Hartford solo estaba el tío alcohólico. Yo le rogué a Eileen que se quedara. Le propuse casarnos. Me dijo que ella no podía abandonar a su mamá ya que ese sería el golpe final a la salud mental de la Señora Clancy. Le dije entonces que yo me iría a vivir a Irlanda. Ella me miró con ojos llorosos. Nunca he olvidado sus palabras:

-Ricardo, tú y yo nos amaremos siempre. Pero no es nuestro destino pasar el resto de nuestras vidas juntos. No está escrito así en las estrellas. Lo que va a ocurrir, lo que está escrito en los astros,  es que yo regresaré muy pronto a Irlanda y tú te quedarás aquí. Yo pasaré el resto de mi vida pensando en el maravilloso muchacho cubano que fue y será siempre mi novio. Tú pasarás el resto de tu vida pensando en la chica irlandesa a quien tanto quisiste y que siempre te va a querer a ti. Yo siempre le contaré a la gente sobre ti. Y tú siempre hablarás de mi. De quienes fuimos, de lo que vivimos en estos últimos meses.En nuestros recuerdos siempre seremos así como somos en este instante, dos muchachos enamorados. -

Eileen, sus hermanos y su mamá regresaron a Irlanda dos semanas después. Partieron una mañana de abril. Yo no fui al aeropuerto. No me sentía con las fuerzas. Ita y Leo me abrazaron al despedirnos frente al edificio. La Señora  Clancy me dijo, “Top of the morning to you.” Besé y abracé a Eileen por última vez. Nos corrían lágrimas por las mejillas a ambos. Se fueron  todos en el carro del tío.

Yo me encerré en mi cuarto. En la noche, bajé al primer piso del edificio y ví que había una luz encendida en el apartamento que había sido de Eileen y su familia. La puerta estaba sin llaves y entré. Me encontré con el tío. Estaba borracho, tirado en el piso. Al verme, se levantó y me abrazó. En el  piso había una botella de whisky irlandés vacía y otra casi llena.  Nos acabamos de beber el whisky. Me quedé dormido en el piso y cuando desperté en la mañana se había ido el tío de Eileen.

El tío de Elieen se marchó de Hartford al cabo de varias semanas y no lo volví a ver. Averigüé la dirección de Eileen y le escribí cartas durante meses. Nunca me contestó.. Han pasado muchos años. Muchas veces he pensado ir a Irlanda. Pero algo me lo ha impedido. No sé si es lo que me dijo Eileen sobre lo que está escrito en las estrellas. Tal vez temo encontrármela y que ya no sea aquella adolescente bella como un ángel. Quizá es que temo que ella vea que yo ya no soy aquel muchacho. Tal vez es que a todos nos hace falta tener grabada para siempre intacta en el corazón la imagen del amor perfecto. Una vez, cuando vivía en Londres, compre un boleto para viajar a Dublín. En el último instante, decidí no abordar el avión.

Todos estos años he seguido pensando en Eileen y, tal como ella me dijo que sucedería, contando la historia de lo que vivimos. Estoy convencido que ella también me recuerda y le habla a la gente de mí.

Vivo en Miami desde hace mucho tiempo. Pero cuando viajo al norte en invierno, me emociono mucho cuando veo caer la nieve. Y en abril, donde quiera que estoy, viene a mi mente aquella mañana de primavera triste en que por última vez tuve a Eileen en mis brazos , la besé y escuché su voz . Siempre será así. Está escrito en las estrellas.

IVAN Y ORIANA FALLACI EN LA GUERRA DEL GOLFO (Del libro "Escrito en Shenandoah," publicado por Isla Books

Aquella mujer me llamaba la atención y no sabía porque. Era una mujer ya mayor, pequeña de estatura, que se vestía con bastante descuido. Tenía siempre una expresión severa en el rostro y nunca la vi acompañada. Siempre se sentaba sola en el comedor del Hotel Sofitel, donde yo iba a veces. Un día le pregunté a uno de los camareros, "¿Quien es esa señora, que me luce conocida?"  

"Es Oriana Fallaci", me contestó. Yo me la imaginaba muy distinta. Alta, vistosa, elegante. Algo así como Sofía Loren. Jamás hubiera pensado que aquella diminuta mujer, totalmente carente de “glamour,” era la legendaria periodista. Pero no me sorprendió que Oriana Fallaci estuviera en Dharhan, Arabia Saudita. Se esperaba que muy pronto comenzara la ofensiva por tierra de Estados Unidos y sus aliados contra las tropas iraquíes que ocupaban Kuwait. Desde hacía décadas, la Fallaci era la corresponsal de guerra por excelencia. No se iba a perder ésta.

La mayoria de los periodistas nos hospedábamos en el Hotel Sheraton, donde estaba el Centro de Prensa del comando estadounidense. Los periodistas que estaban en otros hoteles solían ir al Sheraton diariamente . Era allí donde uno se enteraba de lo que estaba ocurriendo. Pero nunca vi a la Fallaci fuera del Sofitel. No entendía como podía hacer su trabajo.

Yo me moría por conversar con ella. Pensé muchas veces en ir a su mesa, saludarla y mencionarle a un amigo común, el periodista  Franco Cartucci, de la Rai, la television estatal italiana. Franco y yo habíamos coincidido muchas veces en coberturas en Centro y Sud América y él  me había hablado mucho de la Fallaci. Me contó  que él  le había salvado la vida a la Fallaci cuando ocurrió la Masacre de Tlatelolco en México en 1968. La Fallaci resultó gravemente herida en la violenta represion desatada por el ejército mexicano contra una manifestación de estudiantes. Pero la Fallaci no parecía ser una persona muy dada a apreciar que algún extraño le dijera que admiraba su trabajo.

Solamente la saludé una tarde cuando yo salía del Sofitel después de almorzar y ella estaba frente a la puerta del hotel, aparentemente esperando que alguien la recogiera. Le dije en inglés, "Buenas tardes, Señora Fallaci. Soy admirador suyo." Su respuesta  fue bastante fría, "Se lo agradezco." Y nada más.  La vi muchas veces más en el Sofitel, pero no volví a acercarme a ella.

Muy pronto se producía la ofensiva por tierra en Kuwait de Estados Unidos y sus aliados. Los iraquíes fueron derrotados en menos de cien horas. El Comando Estadounidense , una vez que sus tropas establecieron control, organizaron una caravana para llevar a un grupo de periodistas a Ciudad Kuwait. Yo me tuve que quedar en Dharam porque tenía que hacer una transmisión en vivo via satélite.

Pero al otro día, los estadounidenses organizaron vuelos para llevar al resto de los periodistas a Kuwait. A mi me tocó ir en el primero. Iván Manzano, un camarógrafo salvadoreño que trabajaba conmigo en Univisión,  me acompañó.  Los militares estadounidenses  nos transportaron a un pequeño grupo de corresponsales en bus a la base aerea de Dharhan. Entre nosotros estaba Dan Rather, el presentador del noticiero de la Cadena de televisión Cbs. El bus se detuvo en la pista junto a un pequeño avión de hélices. Me sorprendió que Orianna Fallaci ya se encontraba en la pista, cerca del avión.

La Fallaci y Dan Rather se saludaron, pero ella no habló con nadie más. Iván y yo fuimos los últimos en abordar el avión. Cuando entramos a la cabina, había solo dos asientos vacios y estaban separados. Eran asientos del lado de la fila. En ambos casos, había personas sentadas junto a las ventanillas.

Iván caminaba delante de mí y se sentó en el primer asiento vacio, junto a Orianna Fallaci. A mí me llamó la atención que la Fallaci y Dan Rather no se sentaron juntos. Yo me senté junto a un fotógrafo de una agencia de noticias.

Iván y yo nos habíamos distribuido  el equipo de television que tuvimos que llevar para poder montar nuestras crónicas en Kuwait. Iván tenía consigo  la cámara y el trípode. Los asientos eran pequeños e incómodos y desde que Iván se sentó a su lado, la Fallaci comenzó a quejarse. 

El avión despegó.  Sería un vuelo breve. Los motores hacían un gran ruido y había bastante turbulencia. La Fallaci continuaba regañando a Iván, hablando en un ingles correcto, pero con un fuerte acento italiano. Iván no hablaba mucho ingles en aquel tiempo, pero seguía ofreciendo disculpas. “I’m sorry, excuse me, “ decía caballerosamente.

Los demás pasajeros en el avión escuchábamos molestos las quejas y regaños de la Fallaci. “What a bitch,” me dijo el camarógrafo que estaba a mi lado. Me dijo que Ivan debería meterle el trípode por el culo a la Fallaci.

El avión era sacudido por la turbulencia y la Fallaci comenzó a decir malas palabras en italiano. Al menos eso pensé por el tono de su voz y porque la escuché decir , “Puttana.” Mezclaba el italiano con los regaños en ingles a Iván. Era insoportable aquello. Pero de pronto, se escuchó la voz a gritos de Iván, “Shut up! This is not the Concorde!”

“¡Cállese! !Esto no es el Concorde,” le gritó a la Fallaci. El avión entero rompió en risas. Sorpresivamente, hasta la misma Fallaci se rió. Y esta vez fue ella quien dijo “I’m sorry” a Iván.

Cuando llegamos a Kuwait y nos bajamos del avión, le dije a Iván quien era la áspera señora que  había estado sentada junto a él. Me dijo que lamentaba haberle hablado en un tono fuerte, pero que lo estaba volviendo loco.

Yo no sé que se hizo de la Fallaci después de eso durante el resto de la cobertyura de la primera Guerra del Golfo Pérsico. No la volví a ver en Kuwait ni en Arabia Saudita.

Mi experiencia con la Fallaci y su comportamiento durante el vuelo a Kuwait  de ninguna manera mermaron mi admiración por ella. Sigo pensando que fue una extraordinaria periodista y una persona de gran valentía. Pero pienso lo mismo de Iván Manzano.

Iván, un humilde muchacho de Usulután, es una de las personas más inteligentes, talentosas y corajudas con quienes he trabajado en el periodismo. Cubrimos juntos muchas noticias alrededor del mundo, incluyendo un buen número de conflictos bélicos. La calidad de su trabajo como camarógrafo y editor de video es insuperable y es valiente como un león. Además posee una extraordinaria inteligencia natural que le permite absorber conocimientos y cultura como si fuera una esponja. Hoy día, Iván es el corresponsal de Telemundo en Centro América. Es uno de los mejores periodistas de la televisión hispana de Estados Unidos.

Pienso que Orianna Fallaci e Iván tenían mucho en común y se hubieran llevado muy bien, aunque Iván es mucho más amistoso y calmado de lo que era ella.

Que pena que no llegaron a conocerse mejor.

 

 

LA MONA DE ROBERTO DURAN (Del libro "Escrito en Shenandoah," publicado por Isla Books.

Tocamos la puerta y nos abrió el mismo Roberto Durán. Vio la cámara que tenía Simon y enseguida se dio cuenta que éramos periodistas de la televisión. Nos mandó a pasar enseguida y nos ofreció café, cerveza, coca cola, lo que quisiéramos.

La casa era amplia y moderna , pero sin grandes lujos. Y estaba llena de gente. Roberto nos presentó a todas las personas que estaban allí. Su esposa, hijos, amigos, y hasta un par de exiliados cubanos jóvenes que un día se le habían aparecido en la casa para pedirle ayuda y se habían quedado a vivir con él.

Cuando tocamos la puerta, Roberto estaba cocinando arroz en una gran olla. Nos dijo  que preparaba comida todos los días para los militares estadounidenses que estaban acantonados en un campamento improvisado cerca de su casa. La invasión a Panamá había ocurrido unos días antes. Manuel Noriega todavía estaba escondido y los estadounidenses lo andaban buscando.

Roberto nos dijo que no le interesaba mucho la política, pero que los militares estadounidenses eran jóvenes que simplemente cumplían su deber. Nos dijo  que lo trataban como un héroe y le pedían autógrafos y se tomaban fotos con él.

Roberto había perdido por decisión su tercera y última pelea con Sugar Ray Leonard unas semanas antes. Peleó aquella noche en 160 libras. Pero en el poco tiempo transcurrido había aumentado al menos 20 a 25 libras.  Se veía fuerte como un toro, pero un poco gordo.

Nos dijo que desde la invasión iba todos los días al barrio de El Chorrillo para calmar los ánimos de la gente. El Chorrillo, donde nació y se crió Roberto, había sufrido enormes daños por los bombardeos de los estadounidenses. Se hablaba extraoficialmente de cientos de muertos.  Nos dijo que en sus visitas a El Chorrillo iba acompañado de escoltas armados y que él también llevaba un revolver.

Además de toda la gente que estaba viviendo en la casa, había varios perros y gatos que Roberto había recogido en la calle. Casi todos tenían algún defecto físico. Entre ellos había un gato tuerto y una pequeña perra coja.  Pero el animal preferido de Roberto estaba en el patio trasero. Era una enorme mona en una jaula. “Me adora, “ nos dijo Roberto. “La tienen que filmar, esa mona está enamorada de mí.”

Salimos al patio y no sé si es que a la mona no le gustaba que la filmaran o si es que Simon y yo no le caímos bien. El hecho es que la mona comenzó a dar unos chillidos y  manotazos y se encaramó en un palo en una de las esquinas de la jaula. Roberto le decía piropos y le tiraba besos, pero la mona se negaba bajarse del palo y continuaba chillando y manoteando. “Debe ser que está cansada, la pobre,” me dijo Roberto. Cuando le pregunté que había estado haciendo la mona para cansarse, me respondió que había estado jugando.

 

Simon y yo hicimos un breve reportaje con Roberto.  Lo filmamos cocinando el arroz, tomamos imágenes de algunas de las fotos y trofeos de su carrera que tenía e hicimos una breve entrevista en cámara. Al despedirnos, Roberto nos dijo, “Tienen que regresar para filmar la mona cuando esté más tranquila. De veras que me adora, lo tienen que ver.”

Yo le prometí a Roberto que regresaría. Tenía todas las intenciones de hacerlo, no para que Simon filmara la mona,  pues ya habríamos enviado el reportaje a Miami, pero para complacer a Roberto. Yo lo había visto pelear contra Ken Buchanan, Esteban de Jesús y la primera vez que se enfrentó a Leonard y pensaba que le debía eso. Lamentablemente, no se pudo. A Simon y a mi se nos complicó mucho la cobertura de los días después de la invasión y no tuvimos tiempo de ir de nuevo a casa de Roberto Durán.

Pero no dudo que es verdad que la mona lo quería mucho.

Left Hand. (Hay que tener mano izquierda, whatever that means.)

UNA TARDE EN MEXICO (Del libro "Escrito en Shenandoah."

Juan Ruiz Healy me dio el teléfono. Me pidió que no revelara que había sido él. Marqué el número desde la habitación de mi hotel. Era poco antes del mediodía. Me contestó el mismo Octavio Paz. Me identifiqué, y le dije lo que buscaba.

 -Sr. Paz, soy de la Cadena Sin, de la televisión hispana en Estados Unidos. Estoy aquí en México cubriendo el terremoto. Quisiera poder conversar con usted-

-No será posible. Mi casa sufrió daños por el terremoto. Mi esposa y yo estamos algo afectados. Prefiero no otorgar entrevistas por ahora. Ya le dije lo mismo a un periodista francés-

No sé que me entró. Me enojó Octavio Paz. Y se lo dije.

 -Pues, mire Don Octavio, usted le podrá decir eso a un periodista francés, pero le cuento que a mí no. Yo me crié en el norte de Estados Unidos, como gringo. Y un día una muchacha mexicana con quien estudiaba me regaló un poemario suyo, Semillas Para Un Himno. Desde que lo leí me enamoré de la poesía latinoamericana y sobre todo de su obra.  Usted tiene la culpa de que yo siga hablando español. Usted no me puede negar una entrevista a mí.-

 Hubo una breve pausa del otro lado de la línea. Y entonces escuché la suave voz de Octavio Paz.

 -Usted es cubano,¿ no? Lo noto por su acento.

-Sí señor.-

-Mire, lo puedo recibir esta tarde. Venga a las cuatro.-

No sé si convencí a Don Octavio por que le caían bien los cubanos o por lo que le dije. Tal vez se interesó en conocer a un loco atrevido que lo distrajera un poco en medio de aquellos días tan tensos.

Yo sabía la dirección de la casa. Juan me la había dado. Le dije a  mis compañeros del noticiero que estaban en México en la cobertura del terremoto,  que Octavio Paz me había concedido una entrevista. No lo podían creer. Esa tarde, antes de ir a la entrevista pasé por un par de librerías en el Paseo de la Reforma para comprar algún libro de Octavio Paz. Increíblemente, no pude conseguir ninguno. Me dijeron en ambas librerías que se habían agotado.

Tocamos a la puerta de la casa y nos abrió Marie- José Tramini, la esposa de Octavio Paz. No estaba muy contenta con nuestra visita. Y mucho menos al ver cuantos éramos. Me acompañaban los camarógrafos Angel Matos y Orson Ochoa, el sonidista Manuel Villela, la productora Josie Goytisolo, y los reporteros Carlos Botifol y Pedro Sevsec. La verdad es que no hacía falta toda esa gente para hacer la entrevista. Pero todos mis colegas querían conocer a Octavio Paz.

 Madame Tramini nos mandó a pasar,  y entonces salió Octavio Paz de un salón del interior de la casa. Yo me identifique, estrechamos las manos y le presenté a cada uno de mis colegas. El saludó a todos con amabilidad. Creí ver en sus ojos, muy azules, un destello de pícara curiosidad. Me imagino que pensaba, “¿Y que hacen todos estos locos en mi casa?”

Los daños a la casa habían sido mínimos. Había una grieta en una pared.  Don Octavio nos dijo que  su esposa y él habían pasado un mal momento cuando tembló la tierra. Pasamos a la biblioteca. Angel, Orson y Manuel prepararon los equipos para la entrevista. Pedro y yo nos sentamos a una mesa con Don Octavio. Carlos nos dijo que sería mejor que la entrevista la hiciéramos solo Pedro y yo. Fue una buena entrevista. Don Octavio, entre otras cosas, habló sobre como la corrupción había contribuido a la magnitud de la devastación causada por el terremoto. Según Don Octavio, la “mordida” a funcionarios públicos permitió que no se cumplieran con los códigos de construcción en muchos edificios y que eso causara que el terremoto los derribara. La entrevista no solo fue usada en nuestra cobertura para la Cadena Sin. Fue publicada en el Diario las Américas de Miami, gracias a un amigo periodista, el subdirector de ese diario, Ariel Remos.

Después de la entrevista, nos quedamos conversando con Don Octavio. El estaba muy interesado en la entonces naciente televisión hispana en Estados Unidos. Madame Tramini había desaparecido a algún rincón de la casa. Pero un par de veces vino a recordarle a su esposo que tenían algún tipo de compromiso. Ella quería que nos fuéramos. Pero Don Octavio disfrutaba de nuestra compañía. Estuvimos allí un buen rato. Pero finalmente llegó el momento de despedirnos. Había sido muy generoso con su tiempo, Don Octavio. Pero yo no me quería  ir sin un libro firmado por él. Le conté que había estado buscado alguna obra suya en dos librerías antes de llegar a su casa, pero no las había conseguido. Le dije que pensaba que lo censuraban. Me contestó con una leve y silenciosa sonrisa. Entonces le dije:

 -Mire, Don Octavio, ya que he sido tan atrevido con usted, permítame seguir siéndolo. ¿No tiene usted algún ejemplar aquí de una de sus obras? ¿Por qué no me regala uno de sus libros con su firma?

-Claro que sí. Será un placer.-

 Don Octavio sacó un libro de unos de los libreros, un ejemplar de El Ogro Filantrópico. Yo guardo muy pocos recuerdos de mis experiencias como reportero. Pero atesoro la foto que nos tomamos el grupo de la Cadena Sin con Octavio Paz antes de irnos. Y sobre todo el libro de portada azul, con una dedicatoria en la primera página escrita a mano en letras grandes. Dice así:

 “A Ricardo Brown, cordialmente, Octavio Paz

México, a 26 de septiembre  de 1985”

Sarah

Sarah me contó que tenía un hijo de 12 años que amaba  la nieve

tanto que se quería mudar para Maine

me dijo que el muchacho se llamaba Ronnie

Una vez Sarah me dijo que la mejor manera de tomar whisky era con leche fría

y que así lo bebían los jamaiquinos

me encantaba la risa de Sarah

su voz

su acento negro del sur

Un día me dijeron que Sarah era una mentirosa patológica

que no existía Ronnie

que Sarah no tenía hijos

que había estado casada con un policía que le pegaba

que era una alcohólica

me lo dijo una amiga de Sarah

una mala amiga

Sarah siguió haciéndome cuentos

y riéndose

y me hablaba de Ronnie

y yo nunca dejé de pensar, nunca he dejado de pensar,

que Sarah era la reencarnación de Billie Holiday

Han pasado muchos años

no volví a ver a Sarah

tal vez esté muerta

pero recuerdo sus cuentos,

y a veces tomo whisky con leche fría

 nunca he querido averiguar si es verdad que los jamaiquinos beben el whisky así

pero siempre hago un brindis por Sarah

y le creo 

 Miami, 20 de mayo del 2007

Perlas

Una mujer con aretes de perlas y vestido rojo

 Con el cuello desnudo y la voz suave

Una mujer que se deslumbra quizá con carros de lujo

Y juramentos de madrugada.

Que se aferra al tronco de un árbol sin darse cuenta que a veces los árboles tienen espinas ocultas  -o puñales- que inesperadamente sacan y que causan heridas  

Que desconoce que los árboles suelen perder las ramas y las hojas cuando soplan tormentas.

Una mujer con aretes de perlas y vestido rojo

Que  se pierde en la distancia

Que se esfuma en el tiempo

Que se va

  Se va

Sin despedida.

 

Miami 26 de mayo/07

En Cartagena de Indias.

Era de noche en Cartagena de Indias 

y en la arena había fogatas

y cumbias

y estrellas de mar que habían salido del Caribe

y estrellas de luz que habían bajado del cielo

y se mezclaban las estrellas

y las cumbias

y la candela de las fogatas.

En la playa muy cerca de las murallas

bailaba la India Catalina

y bailaba una sirena

y bailaban las olas.

Y me contagiaba aquella noche con su lujuria

y risa de aguardiente.

10 de agosto/1994

Cartagena de Indias

Flowers, fish, fruits and whatever.

More Flowers, I Guess. 27 de julio/10

En Tierra Santa


despertó jerusalén

 con un cielo de espléndido azul

media luna de débil blanco sobre una colina

vestida de flores
amarillas, verdes y rojas.
y sobre otra colina
de vieja arena
el sol soñoliento aún
y en las calles 
gatos
de sabia mirada
mirándome a mí
entendiéndome a mí
y en la distancia
humo negro.
Jerusalén, 7 de junio de 1988
---------------------------------------------------
frente a la puerta de yafo
camina un viejo de ojos hundidos
palestino de sucio ropaje
con hambre en el rostro
y amargura en la lengua
y pasa una monja
italiana tal vez
de mejillas robustas
y oración en los labios
y se cruzan
y se miran
y no se ven
frente a la puerta de yafo
hay sangre seca
que huele a hambre
y huele a mejillas robustas
y que tiene el sabor de amargura
y que tiene el sabor de oración.
Jerusalén, 8 de junio de 1988
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una cruz
media luna
y la estrella de david
sobre belén.
sobre belén
un cielo sin nubes
y en la plaza 
un soldado israelí
que es casi niño
y un niño palestino
con ojos de viejo.
y yo 
sintiéndome niño
yo sintiéndome viejo
en belén
bajo una cruz
media luna
y la estrella de david.
Belén, 8 de junio de 1988

Cachita. 25 de julio/10

Ricardo Brown

Ovejas. 25 de julio/10

Me encuentro en una tienda por departamentos con Sam.

LLamémosle así.

Es unidimensional.

A one trick pony, Sam.

Todo es política.

Todo es obsesión política.

Todo es resultado de conspiraciones

y de gente oculta que desde sus cuevas hala cordelitos y causa que el mundo salte y chille.

Sam vive en su locura en un barrio aburrido donde todas las casas se parecen

y toda la gente compra en el mismo supermercado

y todos tienen el mismo servicio de celular

y ven los mismos programas de televisión.

Sam se parece a esa gente.

Se viste como ellos.

Se peina como ellos.

Pero lo distinge su obsesión.

Su locura es distinta a la de sus vecinos.

Es una oveja, no digamos negra, entre ese rebaño.

Pero es una oveja distinta.

Pensé eso después de encontrame con Sam.

 

El cielo, la cueva y el mar. Sept./2007

Creíamos

o al menos creía yo

que aquello era para siempre

que eternos éramos

como el cielo

pero el cielo se nos vino abajo

pedazo a pedazo

como en el cuento de niños.

 

Pero esto no es cosa de niños

esto es serio

grave

real

y al caernos encima el cielo

yo me escondí en una cueva oscura

aquí estoy

no salgo

 

y tú

más audaz

te lanzaste al mar

sin salvavidas

y ahora nadas

no sé si en la felicidad

porque el mar está quieto

siempre es quieto al comienzo

pero  ¿sabes?

no es nada confiable

el mar

 yo sigo en mi escondite

ojalá no me quede ciego de tanta oscuridad

y tú

ojalá que no se enfurezca el mar

porque aterra perder la vista

pero también es terrible ahogarse

oremos

el uno por el otro.

Flowers. 23 de julio/10

Huntington Beach

 

HUNTINGTON BEACH

Ola fría que abraza
la solitaria arena
bajo el gris 
de una tarde de abril
en el sur de California
Playa extraña
sin gaviotas
ni risa infantil
ni besos de amor joven
En la mañana habrá sol
y algún viejo
recogiendo caracoles
y algún canto
de tierra lejana
pacífico mar
océano pacífico
que con las algas
llevas y traes
pedazos de vida.
Huntington Beach, California
25 de abril de 1985

Es. 23 de julio/10

Viaje. 23 de julio/10

VIAJE

 

cruzó tantos mares tormentosos

que perdió la cuenta

y atravesó selvas oscuras y peligrosas

y escaló la montaña de piedra

pensando que hacia arriba era el rumbo que

tomar

y al llegar se encontró con un jardín

y un arroyo

y creyó que esta era la verdad

transparente y perfumada

salió el sabio entonces

y vio que era

ciego y mudo

y sordo

y en ese momento no estuvo seguro

si había llegado

o si aquello era un encierro

y ante la confusión

optó por el olvido.

 

Warning. 22 de julio/10

Warning

     I was warned not to meddle

but I'm weak

it's very difficult for me to resist the impulse

so now I'm dealing with these debts that I never incurred  including parking tickets

and long distance calls I can't recall making

unless they were made during a confused dream

I do, however, have a vivid memory of

her eyes

even though her back was turned

 and it was an extremely warm august afternoon.

 

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