Mis amigos que fueron a la guerra. Y los políticos y otros que hablan de guerra pero que le huyeron cuando les tocó a ellos. 29 de octubre/09

De muy joven, cumplí dos años de servicio militar. Eran los tiempos de la Guerra de Vietnam. Hice entrenamiento de infantería y estaba en una especialidad militar que practicamente garantizaba que me enviarían al frente de batalla. Pero tuve suerte. Cumplí mi servicio militar activo en bases en Estados Unidos, a miles de millas de donde sonaba la metralla. Quizás eso me creó algún tipo de remordimiento. Muchos de mis amigos de entonces y amigos que conocí después no tuvieron la misma suerte.

A Bob lo mataron en combate pocos días después de llegar a Vietnam. Recuerdo su entierro en Massachussetts. Un Irish Wake en que sus amigos y familiares se pasaron la noche bebiendo y celebrando la vida del muerto. Se supone que un velatorio irlandés debe tener una buena dosis de humor. Pero, con disculpas a James Joyce, yo me sentí muy triste aquella larga noche. Y siento tristeza cada vez que pienso en Bob y en su viuda y su niñito. Siento eso ahora, que escribo estas líneas.

John fue a Vietnam y regresó vivo. Pero cuando volvió  de la guerra no era el mismo tipo tan alegre y despreocupado que yo despedí el día que marchó a Vietnam. Le he perdido el rastro a John. La vida es así. A veces algunos de nuestros mejores amigos, los inseparables cómplices de mil parrandas se nos pierden en el tiempo. En el caso de John, nunca lo olvidaré. Nunca olvidaré que cada vez que me daba un trago en Boston, cada vez que salía con una chica, pensaba que John estaba en la jungla en Vietnam.

Russell también fue a la guerra y regresó. Una de sus primas fue novia mía por dos semanas. Los noviazgos eran breves en aquellos tiempos. Al menos los míos. Hace años que no sé de Russell y de su familia, que llegó a ser como familia mía. Sus padres, Floyd y Helen decían que yo era su tercer hijo, el hijo cubano. Fue Russell quien me hizo conocer la música de Mississippi John Hurt, Lighnin’ Hopkins, the Reverend Gary Davis y todos esos genios del auténtico Blues. ¿Qué se habrá hecho de Russell? ¿Y de su prima, que en aquellas dos semanas adoré? ¿Estarán Facebook?

En Facebook, en mi lista de amigos esta Tom. Que personaje. Un auténtico personaje de película . Fue amigo de la infancia en mis primeros años en este país. Tres veces lo hirieron en Vietnam. Un tipo de una valentía descomunal. Despues fue jefe de policia. Se ha casado no se cuantas veces. En aquellos años en que éramos practicamente niños Tom era uno de los tipos más populares de la escuela. Todas las niñas que no me hacían caso a mi estaban enamoradas de Tom. No supe de él por años. Hoy volvemos a ser amigos, aunque en la distancia.

Y Guido. Mi querido Guido que también era un rompecorazones en la Escuela Riverside y después en la Ada Merritt. Guido también fue a Vietnam y afortunadamente regresó. Yo siempre pensé en Guido como un hermano más. Así pienso en él, aunque vive lejos y hace un rato que no lo veo. Agradezco a Dios que Guido regresó de Vietnam.

Juan, mi amigo de aquellos tiempos y de siempre,  fue piloto en Vietnam. Juan tiene mil cuentos  de la  guerra. Pero no los hace. Prefiere hacer los mil cuentos sobre su vida como piloto después de la guerra. Fue piloto de Paul Mc Cartney, de los Rolling Stones, de un montón de gente famosa. Que clase de tipazo, Juan.

A Papo lo conocí después en Hartford. Trabajamos juntos en SIN y Univisión. Es un director de televisión de primera. Con una vida muy interesante y fructífera y  sus mil cuentos también, como cuando fue director de Oprah Winfrey en Baltimore. Papo habla poco de la guerra de Vietnam. Pero allí estuvo. En la línea de fuego. Exponiendo su vida.

He estado pensando en todos estos amigos en estos días en que aumenta la cifra de muertos estadounidenses en Afghanistán. La guerra es una mierda. A mi por un milagro, o porque Dios escuchó las oraciones de mi madre y mis hermanos, no me tocó ir a la guerra cuando estuve en el servicio militar. Pero después, como reportero, cubrí muchas guerras en muchos lugares del mundo. Odio la guerra. No es que sea un pacifista. Sé que la guerra ha sido una constante de la historia y que ha habido guerras necesarias. Pero odio la guerra.

He estado pensando en esto durante todos estos días. He estado pensando en como en este país se habla de guerra, pero quienes aportan el sacrificio son pocos. Los jóvenes militares. Sus familias. Pienso en como hay gente que habla de la guerra a la ligera. Gente que jamás ha vestido un uniforme militar. Gente que jamás ha tenido que enfrentar la metralla y que aboga por guerra y más guerra siempre y cuando sean otros y los hijos y las hijas de otros quienes arriesguen el pellejo. Gente que pide guerra pero que no quiere que le aumenten los impuestos para costear la guerra.

Pienso en los políticos de mi generación que se zafaron el cuerpo y de una forma u otra evadieron el servicio militar obligatorio para no ir a Vietnam. Que ni siquiera vistieron un uniforme. Y ahora son guerreros.

A veces –ya lo dije- me da remordimiento de que a mi me tocó la suerte de no haber ido a la guerra a pesar de haber sido un militar en activo. A veces pienso que fui un cobarde por no haber ido de voluntario. Una vez se lo dije a mi hermano Carlos. Me dijo que lo honorable, lo valiente era no pedir que me mandaran al frente de combate porque eso destruiría a nuestra madre. No sé si me calmó o me convenció o simplemente me dio un pretexto. Lo cierto es que nunca pedí ir al frente de combate. A veces pienso que no fui porque tenía más miedo de tener que matar yo a que me mataran a mi.

Pero mis amigos no tuvieron esa suerte. Pienso en ellos en estos días. En Bob y otros que no regresaron de Vietnam.. Y en los que pudieron volver. Tremendos tipos. Valientes, decentes, inteligentes, honorables. 

Hubo atrocidades de ambas partes en la Guerra de Vietnam. Es verdad.  Así son las guerras. Una mierda. Le sacan lo peor al ser humano. Pero a veces le sacan lo mejor. 

Es terrible la guerra. Es terrible esta guerra en Afganistán. Y una de las cosas más terribles para mi es tener que escuchar a gente cobarde hablar de guerra cuando ellos eludieron el servicio militar obligatorio durante la Guerra de Vietnam. Hubo un tiempo en que casi se le exigía a los políticos de este país haber servido en las fuerzas armadas. John F. Kennedy y George  Bush (el padre), de familias millonarias, usaron la influencia de sus padres para que los enviaran a los frente de combate en la Segunda Guerra Mundial. A Kennedy le hundieron el PT Boat que capitaneaba. Bush se tuvo que lanzar al mar desde su avión.

Pero estos son otros tiempos. Hoy la guerra es cosa de unos pocos que van a pelear y morir. Hoy muchos de los políticos que hablan de guerra son gente que le huyó a la guerra cuando les tocó a ellos y que no quieren que sus hijos tengan que ir a donde suena la metralla. Creen que deben ser los hijos de otros los que tengan que ir a matar y morir. Yo pienso que eso es injusto. No le hago caso a esa gente que habla de guerra y eludió el servicio militar cuando era obligatorio en este país. Pienso que si estamos hablando de que es necesaria una guerra, pues que todos tengamos que aportar una cuota de sacrificio. Las guerras, si de verdad son inevitables y necesarias, deben ser libradas por la nación entera.  Detesto a los terroristas de Al Qaeda y el Talibán. Pero pienso también que mucha de la gente que habla de guerra  es una mierda. Tan mierda como la guerra misma.

  

28/10/2009 20:28 Autor: ricardobrown. #.

Espinosa llamó a un programa radial 28 de octubre/09

Espinosa llamó a un programa de radio en que abren los micrófonos al público. Esto es lo que dijo:

“Mire, quiero informar  a los radio escuchas que no se dejen engañar. Quiero denunciar aquí que Alejandra Guzmán ha sido víctima de una conspiración de los banqueros suizos. Fueron ellos, que no tienen escrúpulos ni madres que los parieran, quienen mandaron a inyectarle el veneno ese que por poco le hace reventar los glúteos. Ya le habían hecho lo mismo a Henry Kissinger cuando se peleo con ellos por el penoso episodio de la Serie Mundial en Nueva York entre los Yankees y los Mets, aquella farsa que llamaron la “Serie del Subway” y cuyos resultados habían sido ya pactados por la Reina de Holanda, que es una degenerada, y Colin Powers que, como he denunciado en varias ocasiones, es una marioneta de las grandes firmas farmacéuticas que controlan a la Organización de Naciones Unidas y al Sea Aquarium de Miami. Ya yo he dicho todo lo que hay detrás de esa ballena asesina senil que tienen en el Sea Aquarium, pero nadie me ha querido hacer caso. Quedó Kissinger con el trasero que parecía la cara de Oscar de la Hoya después de aquella pelea con el pseudo filipino Manny Pacquiao que también fue arreglada, pero por Margaret Thatcher y la General Electric. Todo el mundo sabe que Pacquiao es croata. Yo tengo una copia de su certificado de nacimiento. Esos banqueros suizos son los que les han inyectado las nalgas a todos los mandriles de Africa y los que hay en los zoologicos y por eso tienen el trasero inflamado y de color purpura , que es como querían que se viera Alejandra Guzmán. Yo traté de comunicarme con Alejandra Guzmán. Hice todo lo posible por advertirle que no se dejara poner esas inyecciones en las nalgas. Pero no pude porque tengo el teléfono intervenido por la Cruz Roja. La Cruz Roja monitorea todas mis llamadas. Están grabando esto que les estoy diciendo ahora mismo. Pero a mi no me importa. No les tengo miedo. Si se atreven a venir a ponerme inyecciones en el trasero se las van a ver muy mal. Yo no soy Kissinger ni Alejandra Guzmán. Bueno, les he tomado demasiado tiempo. Además, me tengo que ir a hacer mis gárgaras con tinta de calamar, que son muy buenas para la vesícula y las rodillas.”

Y Espinosa colgó como siempre lo hace, lanzando el teléfono contra la pared y dando un alarido como los de Tarzán que siempre provoca que uno de sus vecinos llame a la policia, ya que el programa de radio al que suele llamar se transmite de dos a cinco de la madrugada.

27/10/2009 20:33 Autor: ricardobrown. #.

Perdonen mi cursilería. Me pongo siempre así cuando escucho cantar "La Barca" o "El Reloj." 23 de octubre/09

Fue en el 2000. Trabajaba en Telemundo y me tocó hacer una serie sobre el bolero junto al productor Jorge Sotolongo y el camarógrafo Simon Erlich. Viajamos a Veracruz, que es una de las capitales del bolero. Allí visitamos la Casita Blanca de Agustín Lara y recopilamos material sobre Toña la Negra, que son ídolos míos y de Sotolongo. Y como resultado de aquel viaje y el entusiasmo de Sotolongo y mío, Simon, que es israelí pero que está muy aplatanado dado el tiempo que lleva trabajando en la televisión hispana, también quedó flechado con las composiciones de Agustín Lara y esa manera tan especial de cantar de Toña la Negra.

Veracruz es uno de esos sitios que se le meten a uno en el corazón, en la cabeza, en el alma. Lara, que verdaremente nació en el DF siempre decía que era de Veracruz. Me encanta esa mentira de Lara. Yo no estoy de acuerdo en que todas las mentiras son malas. Hay mentiras que no solo valen la pena. Hay mentiras sublimes, esenciales, poéticas, mágicas, . Y pienso que Lara manejaba la mentira como un arte. Era un maestro de la mentira gloriosa y por eso compuso todas esas maravillosas canciones sin haber estudiado música. Y por eso cantaba su música como nadie podía hacerlo, a pesar de que no tenía voz. Y por eso, muy lejos de ser un hombre bien parecido, conquistó a María Félix y le escribió aquel himno al amor que se llama “María Bonita.” Les contaría aquí de otro viaje que me inventé una vez a Acapulco y seguí todos los pasos de Agustín y la Doña por ese bello lugar en la costa pacífica de México. Estuve hasta en el cuarto del pequeño hotel donde pasaron su luna de miel y donde se dice que Agustín se inspiró para escribir “María Bonita.” Pero ese es otro cuento. Quien me lee sabe que lo que escribo es “stream of consciousness,” tal como me sale en el momento y a veces me desvío y me enredo.

Regreso, pues, a Veracruz. Jorge, Simón y yo filmamos mucho video del malecón, de la gente bailando danzón, de las estatuas de Agustín y Toña la Negra, cuyo nombre verdadero era María Antonia del Carmen Peregrino Alvárez y sí nació en Veracruz. Claro que si hubiera nacido en otro lugar, habría que haber inventado la mentira, como en el caso de Agustín Lara, de que nació en Veracruz. Yo no me imagino a Toña la Negra habiendo nacido en otro lugar. Les juro que si uno se para frente al malecón en Veracruz y mira hacia el mar se escucha a las olas cantar igualito a Toña la Negra cuando entonaba  aquello de “yo nací con la luna de plata, nací con alma de pirata.”

Yo admiro mucho a los mexicanos por múltiples razones. Pero una de las principales es porque defienden su cultura. La enaltecen. Y no esperan a que mueran las grandes figuras de la alta cultura y la cultura popular para rendirles tributo. Para aquellos como Sotolongo y yo que vivimos en esa patria virtual que se llama el bolero es emotivo detenerse frente las estatuas de Agustín y Toña la Negra en Veracruz. Y es conmovedor también saber que en el tiempo en que estuvieron vivos, Agustín y Toña la Negra fueron queridos, allá en Veracruz,  y en todo México.

En una de las noches en que estuvimos en Veracruz, como parte de nuestro trabajo Sotolongo y yo estuvimos conversando una larga noche de tequilas y recuerdos con otro monumento de Veracruz, el Maestro Memo Salamanca. Memo nos regaló inolvidables anecdotas de su larga y triunfal vida artística, sobre todo de aquellos días en que era hermano del alma de Beny Moré, a quien quisieron mucho en México. Y claro que el cariño fue mútuo. Lo dice el Beny en eso que cantaba de “Pero que bonito y sabroso bailan el mambo las mexicanas. Mueven la cintura y los hombros igualito que las cubanas.” Pero bueno, pierdo el hilo. Ya lo saben. Escribo como una veleta. Y además esto no se trata del mambo, es sobre el bolero, algo en que el Beny también brillaba.

Anyway, de Veracruz viajamos Sotolongo, Simón y yo viajamos al DF. Y una tarde logramos acordar conversar por unos minutos con Roberto Cantoral, que iba a viajar ese mismo día a Tamaulipas, su tierra natal. Roberto, antes de ir al aeropuerto iba a almorzar con miembros de la Sociedad de Autores y Compositores de Música de México en el Hotel Maria Isabel Sheraton en el Paseo de la Reforma. Allí nos vimos y tuvimos una entrevista excelente para nuestra serie sobre el bolero. Roberto me contó como escribió “Reloj” y “La Barca.” Escribió las dos canciones en una sola noche, al final de una gira por Estados Unidos que concluyó en Washington. Una mujer había sido parte de esa gira y Roberto y ella habían vivido uno de esos romances en que la pasión y la ternura se convierten en la misma cosa. Se separarían después de aquella noche.

Cuando Simón apagó la cámara y nos despediamos, yo le dije a Roberto. “Maestro, yo pienso que usted es tan importante como el más afamado escritor o poeta que haya dado la literatura latinoamericana. Somos millones y millones de latinoamericanos, de gente de todo el mundo incluso, de muchas generaciones, muchas generaciones que han de venir, para quienes esas letras y esas melodias de “Reloj” y “La Barca” son la más pura y sublime expresión de los amores que mas recordamos. Los que se van. Los que se fueron. Los imposibles.”

Así mismo se lo dije, porque así me nació en ese momento, y así lo recuerdo exactamente. Recuerdo también la reacción de Roberto Cantoral. Juro que fue así. Se le aguaron los ojos y me dijo “Esa es una de las cosas más bellas que me han dicho en toda mi vida. Gracias.” Y me abrazó.

Hoy , de casualidad, escuché a alguien cantar “La Barca.” Me hizo pensar mucho. Pensé en amores que se fueron y que no se fueron porque aquí están en el recuerdo. Pensé en el agradecimiento que le tengo a Agustín Lara, a Toña la Negra, a Memo Salamanca, a Roberto Cantoral, a toda la gente que forma parte de la gran patria virtual que se llama el bolero.

Cada vez que yo escucho “Reloj” o “La Barca” me afloran los recuerdos de niñas y mujeres que amé  de cerca o de lejos. Que me quisieron o fueron indiferentes conmigo. Que estuvieron conmigo y ya no están. O que simplemente nunca besé.

Pienso también en el privilegio que tuve de haber conocido a Roberto Cantoral. Y de haberle expresado mi gratitud por haber escrito tantas canciones bellas como “Regálame Esta Noche,” “Yo lo comprendo,” “Al final” y tantas otras. Pero especialmente “Reloj,” y “La barca.”

Pienso también en la mujer a quien Roberto le escribió esas dos canciones en una noche de despedida en Washington. Roberto no me dijo el nombre de su Musa. Pero, señora, gracias. Donde quiera que esté, gracias. Para haber inspirado a Roberto Cantoral a componer “Reloj” y “La Barca,” usted tiene que ser una mujer maravillosa. Tan maravillosa como la que estoy recordando yo en estos momentos.

 

 

23/10/2009 19:34 Autor: ricardobrown. #.

La culpa es de Millard Fillmore. Tremendo incompetente, además de mal intencionado. 22 de octubre/09

 

1. Me dice alguien que Obama se la pasa hablando de Bush. Que le echa la culpa de todo lo malo que ocurre en el país a Bush. Que Bush ya no es presidente. Que Obama muy pronto cumple un año en el poder. Que es hora de que Obama hable de sus propios logros.

2. Quizás es verdad lo que me dice esa persona que menciono arriba. Lo único que me choca es que cuando Bush estaba en el poder, esa persona me decía que todo lo malo que ocurría en el país y en el mundo era culpa de Clinton. Esta persona estuvo diciendo eso casi hasta el ultimo día de la presidencia de Bush.

3. Yo pienso, ¿por qué no le echamos la culpa de todo a George Washington? O, si no queremos ofender la memoria del Padre de la Patria, podríamos escoger a uno de esos presidentes opacos, de quienes de conoce muy poco. ¿Qué les parece Millard Fillmore?

4. Ahí está. Propongo esto: ¿Desempleo? Es culpa de Fillmore. ¿Sigue por el piso el sector inmobiliario? Eso es resultado de las políticas erradas del cabrón de Fillmore. ¿Estamos empatanados en Afaganistán? Ya lo habíamos advertido cuando Fillmore mandó tropas allí. ¿Se demoran en llegar las vacunas contra la gripe porcina? Es que Fillmore es un tarado y un hijeputa y todo lo que toca se jode.

5. Uníos republicanos y democrátas. No más bronca. Todo es culpa de Millard Fillmore. O si quieren, de John Tyler.

 

22/10/2009 11:04 Autor: ricardobrown. #.

Me encontré con Espinosa. 21 de octubre/09

 

Me encontré con Espinosa en el supermercado.

Yo estaba con mi carrito en la hilera siete, buscando el detergente que uso para lavar ropa. Sí, lavo ropa. No me queda otro remedio. Vivo solo, ¿qué quieren que haga? Pero bueno, estoy allí en la hilera siete cuando escucho el vozarrón:

“¡Esa gente que dice que Obama nació en Kenya no sabe de lo que habla! ¡Obama es etiopé, mírenle las facciones! !Es uno de los bisnietos del Emperador  Haile Selassie! ¡Está en la Casa Blanca porque lo decidieron Selassie y Mussolini! ¡Es mentira que Italia invadió Etiopía! ¡Fue un engaño de Mussolini y Selassie y ahora metieron a Obama en la Casa Blanca!”

Yo me quedé frío. Le tengo terror a Espinosa. Nunca me ha golpeado. Pero  me hacen temblar las cosas que dice. El vozarrón venía de la hilera ocho, donde tienen las latas de maíz y frijoles. Yo salí huyendo rápidamente en la dirección opuesta, hacia la hilera seis, donde están los jabones y los desodorantes.  Doblé la esquina y chocó mi carrito con el de Espinosa. Se me había olvidado que Espinosa es ventrílocuo y tiene la habilidad de proyectar su voz. Bueno, su vozarrón. El vozarrón se escuchaba en la hilera ocho, pero Espinosa gritaba en la hilera seis. La gente huía de la hilera ocho porque escuchaba aquellas palabras tan contundentes y no veía de donde salían. Y la gente huía de la hilera seis también porque veían a Espinosa abrir y cerrar la boca y gesticular y dar saltos y darse golpes en la cabeza, pero no parecía emitir sonidos, aunque se escuchaba el vozarrón en la hilera ocho. La gente huía del supermercado entero, porque aunque el vozarrón se escuchaba desde la hilera ocho, tronaba en todo el lugar. Había una fuga masiva. Espinosa había provocado una estampida con su vozarrón y con las cosas terribles  que gritaba:

“¡No se dejen engañar, ciudadanos! ¡El caso del niño en el globo aeroestático en Colorado es parte de los planes ingleses de reconquista! ¡Abajo Margaret Thatcher!  ¡La Reina Isabel es una puta maldita que maltrata a sus perritos! !Nos quieren esclavizar y obligarnos a beber té a todas horas!”

La gente corría despavorida. Así es el poder de las palabras de Espinosa. Y yo, por desgracia, por despiste, por mala suerte, porque me abandonó  mi angel de la guarda, sin darme cuenta corro en dirección de Epinosa y choco mi carrito con el suyo. Cierro los ojos. Espero el inevitable regaño de Espinosa que seguro va a inspeccionar las latas de espárragos, las cajas de cereales, las uvas, la lechuga y el detergente que he colocado en mi carrito. Las críticas de Espinosa siempre han sido demoledoras. Me causan depresiones que duran semanas. Mantengo cerrados los ojos, esperando escuchar los alaridos de Espinosa. Pero nada. Silencio. Pasan segundos. Minutos. Pero nada. Silencio. Abro los ojos. Y allí está Espinosa. Me está mirando. Sonríe. Me doy cuenta que se ha colocado varios dientes de oro, como los de Mike Tyson. No sé que hacer. No sé que decir. Por fin atino a balbucear:

“Hola, Espinosa. ¿Cómo estás? Long time, no see. Perdona por chocar con tu shopping cart.”

Espinosa, aún sonriendo, me dice con voz suave:

"¿Y de donde lo conozco yo a usted? ¿Es usted uno de esos espías que me siguen la pista, enviados por el Servicio Secreto de Mónaco?"

Yo agradezco que Espinosa me está hablando en voz baja. Me aterra su vozarrón. Pienso que quizás me habla así en ese tono gentil porque ya estamos solos en el supermercado. Se vació el lugar. Asumo que Espinosa piensa que no tiene necesidad de gritar para que lo escuchen en todo el supermercado. Me siento aliviado. Pero de pronto, Espinosa comienza a rasgarse las vestiduras. Y esto no es una exageración. Comienza a arrancarse la camisa pedazo a pedazo y a dar saltos y a emitir  unos aullidos espantosos. No sé si son aullidos de lobo o de coyote, porque con Espinosa nunca se sabe. Pero aquellos aullidos me ponen muy nervioso. Y de pronto Espinosa comienza a embestir los estantes con su enorme cabeza, y caen al piso los jabones y los desodorantes, pero, obviamente, a Espinosa no le preocupa esto.

Y yo, tímidamente, le digo:

“No, Espinosa, yo ni siquiera he viajado a Mónaco. Me dicen que el Casino allí en Mónaco es muy elegante, muy sobrio, no como los de Las Vegas con todas esas alfombras de colores estridentes y esas lámparas tan cursis.En realidad, nos conocemos de cuando trabajamos juntos en una agencia de seguros.”

Pero nada. No calmo los ánimos de Espinosa que empieza a gritar:

“!Bolcheviques! ¡Eso es lo que son! ¡Sinvergüenzas bolcheviques! !Quieren destruir la Torre Eiffel! !Quieren obligarnos a deshacernos de nuestros vehículos de motor y a usar el transporte colectivo! ¡Quieren forzarnos a vacunarnos contra una fiebre porcina inventada en los laboratorios de Oprah Winfrey! “

Y yo no puedo más. Agarro mi carrito y salgo huyendo. Corro por las calles de la ciudad, empujando mi carrito de supermercado. Cuadra tras cuadra. Llegó a mi casa, jadeando, agotado. Me detengo frente a la puerta. De pronto me doy cuenta que dejé mi camioneta en el lote de estacionamiento del supermercado. De pronto me doy cuenta que me fui sin pagar por lo que llevo en el carrito. De pronto me doy cuenta que se me olvidó colocar jugo de naranja en el carrito. Estoy nervioso. Confuso. ¿Que hago? La verdad es que no pagué por lo que tengo en el carrito porque las cajeras habían huido del lugar.

Pienso que regresaré al mercado mañana. Llevaré el carrito con lo que coloqué adentro. Recogeré el jugo de naranja. Recogeré mi camioneta. Sî, regresaré al supermercado mañana. Pagaré por todo. Ojalá que no me vuelva a encontrar allí con Espinosa. Es terrible encontrarse con Espinosa.

 

 

 

21/10/2009 10:28 Autor: ricardobrown. #.

En Un Pub Irlandés.9 de octubre/09

Fuí a un pub irlandés. Me senté en la barra y pedí un whisky Jameson. Yo no sé lo que piensan  ustedes, pero a mi me gusta mucho el whisky irlandés. Hay gente que lo único que toma es Scotch. Desprecia todo lo que no sea Scotch.  Yo pienso que eso es ser cerrado de mente. Caramba, los irlandeses fueron quienes inventaron el whisky. Los escoceces fueron unos copiones. Y es verdad que las aguas de Escocia le dan un sabor muy especial al Scotch. Pero eso de decir que el único whisky  que sirve es el Scotch es una cabronada. Para mi es igual que el prejuicio religioso. Para mi, esa gente que lo mira a uno de reojo, con la nariz arrugada y una mueca en la boca como si olieron algo asqueroso porque uno pide un whisky irlandés es igualita a los hijeputas  que juran que la única gente que va al cielo es la que reza como ellos y va  a sus iglesias. El whisky irlandés es suave –smooth, fino. Lo destilan dos veces. Es rico al paladar. Que no me jodan los cabrones que solo beben Scotch. Pero, bueno, ¿de qué hablaba? Ah, si. Fui a un pub irlandés, me senté en la barra y pedí "un shot of Jameson’s." Y claro que sin hielo. El hielo es para los osos polares, los esquimales, los pinguinos y los que no saben beber whisky.

Pues bien, estoy allí disfrutando mi whisky y se me sienta al lado una mujer espectacular. Rubia. Pelo largo.Ojos celestes. De unos treinta dos años. Senos naturales. Una boca que parece una rosa. Sin un asomo de Botox. Vestida con una blusa blanca con mucho escote y una minifalda roja. Que piernas! Pero una tipa decente, de aspecto profesional. A pesar del escote y la minifalda, No vayan a pensar que yo voy a bares de putas. Este pub irlandés es un lugar de gente divertida y jodedora, pero decente.

Viene el bartender y la saluda. “Hi, Sue, what’s your poison today?” Ella le pide un Jameson sin hielo. Yo, que escucho esto, de un jalón vacío en mi garganta lo que me queda de mi Jameson. Y le digo al bartender que me traiga otro. Sin hielo.

Sue se vira hacia  mi. Me dice con vocecita de Jennifer Aniston. “Que interesante. Bebes whisky irlandés. Y sin hielo. Hola, me llamo Sue.”

Yo le respondo; “Si. Ya escuché tu nombre. Yo me llamo Bernie. Tú también bebes Jameson sin hielo. Que interesante.”

Y la verdad es que no tiene nada de interesante que Sue y yo bebamos Jameson sin hielo, pero estas son las idioteces que uno dice en un bar cuando habla con desconocidos. Estoy seguro que Sue tampoco le ve interés al asunto. Pero es una forma de comenzar una conversación. Y que conversación aquella!

Resulta que Sue también es hincha de los Mets y los New York Giants. Y pertenece al mismo partido político que yo. Juega tenis. Juramos que  este fin de semana nos veremos en la cancha de su edificio que está cerca de donde vivo. Le encantan las viejas películas de Humphrey Bogart y es adicta a los Grateful Dead. Le gusta la carne de res bien cocida y no soporta la arúgula ni a Oprah Winfrey y está convencida de que hay vida en otras galaxias.

La conversación dura dos horas. Cada vez es más animada. Sue me agarra una mano con ternura. Nos reímos mucho. Tiene una dentadura perfecta. Da un alarido de satisfacción cuando le digo que adoro los libros  de Kurt Vonnegut. Yo me pego puñetazos en el pecho y en la cabeza cuando ella dice que se ha exagerado mucho sobre el talento de Picasso y que Juan Gris era mejor. Saltamos ambos de las banquetas y hacemos una suerte de baile Comanche cuando yo confieso que nunca me ha gustado la música clásica pero que siempre he mentido y he dicho todo  lo contrario para que la gente no crea que soy un cafre.

Hablamos de las dictaduras en el Tercer Mundo, la reforma monetaria suiza del Siglo XVI, la cocina mexicana, las alergías de Rasputín, y las verdaderas razones por las cuales Kieekegaard era jorobado. Y en todo estamos de acuerdo. Y fluye el Jameson sin hielo. Resulta que Sue aguanta el licor a la par conmigo. Pienso que este es mi día. He encontrado a mi alma gemela. En silencio, mandó al carajo el juramento en sangre que hice de que jamás me volvería a casar. Juro que mañana mismo me casaré con Sue. Estoy seguro que ella estará de acuerdo. Carajo, si somos el uno para el otro. Yo pido otros dos Jamesons, uno para ella, uno para mi. Estoy listo para arrodillarme y pedirle matrimonio alli mismo. Y entonces….

Entonces llega otra muchacha espectacular. Escote. Senos naturales. Minifalda. Piernas perfectas. Una boca que parece una rosa. El color del cielo en los ojos. Tremendo tronco de mujer que es casi igual a Sue, pero peliroja. Camina hacia nosotros. Yo me quedó paralizado, boquiabierto. Sue me mira. Está de espaldas al monumento que ha entrado al pub y camina hacia nosotros. Se vira. Da un grito. “Jenny!” Y la otra grita: “Sue, baby!” Se abrazan. Se besan en las mejillas. No parece nada extraño como se saludan. Dos amigas. Despampanantes ambas. Y entonces….

Entonces, Sue me dice: “Te presento a Jenny. Te va a encantar. Es mi novia.”

Y aquí no acaba la historia. Pero no la voy a contar toda en detalles. Basicamente, lo que pasó es que le dije a Sue y Jenny que me tenía que ir porque estaba tarde para una cita con el médico. Ellas fueron lo suficiente delicadas para no señalarme que era raro estar tarde para una cita médica cuando eran las nueve de la noche.

Eso fue anoche. Hoy me duele la cabeza. Y he estado pensando todo el día en  lo que conversé con Sue y como se hizo evidente que tenemos tanto en común. Resultó que hasta las chicas bellas con escote y minifaldas nos gustan a ambos. Y yo no se lo tengo a mal a ella. Cada cual tiene derecho a tener sus preferencias. Este es el Siglo 21. Pero como me duele la cabeza. Como me alegro de no haberle propuesto matrimonio. Era una cosa ridícula de todas maneras. Arrodillarse ahí en un pub, frente a una mujer desconocida que no le gustan los hombres. Uf. Me duele la cabeza. Lo único que me quita el dolor de cabeza es el whisky irlandés. Y se me acabó la última botella de Jameson que tenía. Me voy al pub irlandés.

08/10/2009 19:58 Autor: ricardobrown. #.

El Beny, la música cubana, Gorki y Porno Para Ricardo. 7 de octubre/07

El Beny en inglés

 

Ayer fui a la librería Books and Books a comprar el nuevo libro de la periodista Ann Louise Bardach, “Without Fidel: A death foretold in Miami, Havana and Washington.” No lo tenían. Pero me encontré con una sorpresa. Un libro sobre Beny Moré. Está escrito en inglés por un periodista estadounidense. Se llama “Wildman of Rhythm. The Life & Music of Benny Moré.”

Radanovich escribe el nombre así, Benny. Con doble ene. Yo lo sigo escribiendo asi: Beny. Como aparece en casi todos los discos que tengo del Bárbaro del Ritmo.

Radanovich explica que descubrió la música del Beny cuando fue a una fiesta en Nueva Orleans y escuchó una grabación de “Que bueno baila usted.” Fue amor al instante. Decidió que averiguaría todo lo posible sobre el Beny y su música.

Radanovich es un crítico de jazz, así que sabe mucho de música. Y ha hecho una buena investigación sobre la vida y obra de quien fue el mejor cantante cubano de todos los tiempos. Recomiendo el libro.

 

Last Dance in Havana

 

Otro libro que recomiendo es “Last Dance in Havana” del columnista del Washington Post,  Eugene Robinson. Fue publicado en 2004, pero vale la pena leerlo. Robinson es uno de mis columnistas preferidos. Suele escribir de política, pero es un enamorado de la música cubana. Viajó a Cuba varias veces para investigar y documentarse. En varias ocasiones me he encontrado con Robinson. Siempre le he dicho que me encantó su libro. Siempre hemos entablado conversación sobre la música cubana.

Compartimos algo muy importante Robinson y yo. Somos adictos a la música del grupo Bamboleo original, sobre todo de las cantantes Haila Bompie y Vannia Borges.

Robinson verdaderamente se hizo experto en el movimiento de Rap y Hip Hop centrado en Alamar, en la Habana del Este. Y avanzó una teoría muy interesante hace cinco años cuando se publicó su libro. Dijo  que el Rap y Hip Hop en Cuba eran movimientos contestatarios. Habría que agregar ahora –digo yo- a los reguetoneros cubanos.

 

Gorki en Miami

 

Fui a ver a Gorki Aguila hace poco cuando firmó discos en una galería de arte en la Calle Ocho de Miami. Fue el día antes del Concierto de la Plaza de la Revolución. Pasaron por el lugar mil personas o más en las dos o tres horas que Gorki estuvo allí. Fue interesante, porque estoy seguro que mucha de esa gente que estuvo allí no entiende la música de Gorki. Lo veían más bien como una figura disidente dentro de Cuba.

Me pareció simpático que personas ya de cierta edad entonaron junto a Gorki el estribillo de “No coma tanta p…, Comandante” de una de las más estridentes canciones de Porno para Ricardo. Fue todo un “happening” aquello.

A mi, que me gusta toda la música, me encanta el Punk Rock. Hay quienes no lo entienden y no les gusta. Y no tienen porque entenderlo ni gustarle. Para gustos se hicieron colores y para  oídos se hizo la música. Pero muchos injustamente dicen que Gorki y Porno Para Ricardo no hacen buena música. Yo les aseguro que dentro de lo que es el Punk Rock, que es estridente, rebelde, chocante, Gorki brilla. Sería estrella en Londres o Nueva York.

But that’s me. What the hell do I know, right?

07/10/2009 20:22 Autor: ricardobrown. #.