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RICARDO BROWN

A quienes, envenenados por cincuenta años de propaganda castrista, se les despierta el racismo y nos dicen "gusanos." 9 de septiembre/09

 

Acabo de leer que la Doctora Hilda Molina fue agredida verbalmente por una turba de izquierdistas que irrumpió  en una sala del Congreso Nacional de Argentina donde hacía una exposición sobre la situación en Cuba. Según el cable que leí, unos “jóvenes que pertenecen a agrupaciones de izquierda y médicos que dicen haber estado en Cuba”  le gritaron todo tipo de improperios a la Doctora Molina. Su comparecencia fue cancelada. La Doctora Molina tuvo que salir huyendo del lugar.

No me sorprende la agresión. Así actúan los fanáticos que apoyan a la dictadura que lleva cincuenta años en el poder en Cuba. No creen en la libertad de expresión. No creen siquiera en el derecho de existir y mucho menos de hablar de quienes no están de acuerdo con lo que ha ocurrido en Cuba durante más de medio siglo. En su forma primitiva de ver las cosas, para esos fanáticos  quienes se oponen a la dictadura castrista son “gusanos.” Y a los “gusanos” se les aplasta, se les extermina. No tienen nada que aportar. Hay que acabar con ellos.

Eso es lo que ha estado ocurriendo dentro de Cuba desde 1959. La dictadura y sus seguidores por más de medio siglo han estado arremetiendo con una feroz crueldad contra sus adversarios. Todo se vale contra los “gusanos.” A sentenciarlos al paredón o a condenas carcelarias draconianas sin que tengan oportunidad de una defensa legal. A echarlos del país, no sin antes humillarlos, echarlos de los trabajos y hacerles mítines de repudio en que son blanco de todo tipo de insultos, de escupitajos, de golpes,  sin que puedan responder. A intimidar a sus hijos en las escuelas, a saquear sus casas.

Todo se vale contra los “gusanos” dentro de Cuba. Si la poetiza Maria Elena Cruz Varela escribe poesía “gusana,” pues a invadir su casa, arrastrarla a la calle y hacerle tragar los poemas. Si el condecorado "Héroe de la Revolución" y General del Ejército Arnaldo Ochoa habla en privado del glasnost y perestroika, pues a acusarlo de traición y montarle un espectáculo teatral que llaman juicio en que no se puede defender el acusado y fusilarlo en un dos por tres. Si unos jóvenes nacidos y criados en la revolución se roban una lancha para huir a Miami, pues a fusilarlos en menos de 72 horas. Y entonces a buscar "intelectuales" y "artistas" para que firmen una carta en que en esencia  dicen que esos tres jóvenes no tenían derecho a la vida  porque querían irse del paraiso castrista. Asi hay que lidiar con los “gusanos.” Y  en Cuba cualquiera puede convertirse en un “gusano” de un momento a otro.

Para la dictadura y sus seguidores, “gusano” fue el Comandante Huber Matos, que libró muchas batallas en la lucha contra Batista pero rompió temprano con la familia Castro. Y en “gusanos” se convirtieron décadas después Roberto Robaina, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, que por mucho tiempo fueron figuras destacadas del régimen hasta caer en desgracia. Los destituyeron, los vilipendiaron en la prensa sin que pudieran defenderse y los borraron del mapa. En “gusana” se convirtió la misma Doctora Hilda Molina, que por décadas fue partidaria y hasta amiga personal del Dictador Fidel Castro hasta que también cayera en desgracia. Pasó de alta funcionaria en el sistema de salud y condecorada científica  a “gusana.” Y como era una “gusana,” un insecto, se justificaba negarle la salida del país para reunirse con su hijo y conocer a sus nietos. Finalmente pudo hacerlo. Pero ahora en la Argentina, los fanáticos castristas la persiguen. La hostigan. La insultan. Se creen con el sagrado derecho de irrumpir en un lugar donde está hablando para callarla a gritos porque es una “gusana.” Esos fanáticos castristas, llenos de odio y veneno, no podrán enviarla a prisión, no podrán fusilarla, no podrán separarla de nuevo de su familia porque están en Argentina y no en Cuba, pero si pueden impedir que hable, sí pueden insultarla. Después de todo, es una “gusana.” Todo se vale contra los “gusanos.”

Así son los fanáticos castristas. Los que están dentro de Cuba y tienen a su haber todo el monstruoso poder represivo de la dictadura. Y los que viven en el extranjero, como esa turba que agredió a la Doctora Molina.

Y así son algunos de esos elementos en Miami que odian a los cubanos del exilio. Si por ellos fuera, los cubanos del exilio no tendrían derecho a hablar. Tendrían que sufrir en silencio los insultos y las agresiones de turbas castristas. Después de todo, los exiliados cubanos son “gusanos.” Y los “gusanos” no tienen derecho a hablar, no tienen derecho a pensar, no tienen derecho a existir. Son insectos. Son “gusanos.” Y si no les puede fusilar, si no se les puede encerrar en bartolinas, si no se les puede arrastrar por las calles en Estados Unidos, pues hay que ridiculizarlos, hay que decir que son intransigentes y que mienten y que traicionaron a su país.

A mi no deja de sorprenderme la osadía de alguna gente que odia al exilio cubano y que se cree que puede venir de otros país y querer hostigarnos aquí  en Miami. Estoy cansado de los insultos racistas, así mismo, insultos racistas contra los cubanos. Porque para los fanáticos eso  vale también. El estereotipo, el ataque racista contra los “gusanos” del exilio. No hay nada más fácil para un fanático que pasar de lo ideológico a lo racista. Por eso murieron millones e personas cuando se desmoronó Yugoslavia. Por asesinaron a cientos de miles de seres humanos en Kosovo.

Yo estoy cansado de ese tonito de superioridad étnica y cultural  que adopta mucha de la gente que odia a los cubanos de Miami. Gente envenenada por cincuenta años de propaganda castrista que le ha metido en las pequeñas y perturbadas cabezas de los fanáticos el pus de que  quien se opone a todo ese oprobio que se ha entronizado en Cuba es un “gusano.”

Yo les cuento algo a esos fanáticos. Piensen como quieran si es que tienen la capacidad de pensar. Si quieren apoyar una ideología fracasada en todo el mundo, háganlo. Si quieren admirar a esa terrible dictadura familiar que arruinó a Cuba, tienen libertad de hacerlo. Si están convencidos de que toda esa pobreza que se ve en Cuba es signo de progreso, pues adelante. Si quieren odiar a los cubanos que se oponen al castrismo pues allá ustedes. Si quieren despreciar a Estados Unidos, el país al cual ustedes  vinieron a vivir, pues allá ustedes y sus contradicciones. Yo jamás trataré de convencerlos de lo contrario. Sé que es imposible dialogar ni razonar con los fanáticos , sobre todo si el fanatismo político está matizado por el prejuicio étnico. Sean como les de la gana. Para eso hay libertad en esta nación  que ustedes tanto odian pero a la cual vinieron a vivir en vez de irse a Cuba o a cualquier otro país esclavizado por el Comunismo o donde hay gobiernos tratando de construir el Socialismo del Siglo 21.

Pero tengan bien claro que aquí les van a salir al paso. Aquí los “gusanos” tienen igualdad de condiciones. Aquí hay leyes y tradiciones que amparan la libertad de expresión de los “gusanos.” Aquí no podrán aplastar a los “gusanos.” Sigan odiándonos. Sigan deseando que desaparezcamos del mapa. Sigan pensando en la alegría que sentirían  si nos fusilaran o encarcelaran o nos echaran de este país. O si pudieran apedrear nuestras casas y hacernos tragar lo que escribimos y arrastrarnos por las calles, frente a nuestras familias y nuestros vecinos. Piensen en todo eso. Pero les aseguro que no podrán hacerlo.

Sigan burlándose de los cubanos de Miami. Sigan difamando a los cubanos de Miami. Pero sepan que aquí, en Estados Unidos, aquí en Miami, los “gusanos” tienen derechos. Y saben que los tienen. Y no van a renunciar a ellos. Aquí ustedes  no van a  callar a los "gusanos." Y no los van a aplastar.

 

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