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RICARDO BROWN

Hay una revolución musical en la Calle Ocho. 8 de marzo/10

Pasé gran parte del fin de semana escuchando buena música. Primero me fuí al CubaOcho a escuchar a Carlos Averhoff y los músicos que le acompañan. Que placer.

Averhoff es uno de los mejores saxofonistas del Jazz. Punto. Y el pianista, el baterista y el bajista que le acompañaron son músicos de primera. Habría que viajar a Nueva York y llegar a uno de los clubs de Jazz del Village, o a la Calle Bourbon en Nueva Orleans,  o al Ronnie Scott’s de Londrés para escuchar Jazz de esa calidad. Creánme. Yo he estado en esos lugares. El Jazz (lo escribo siempre en mayúscula) es mi religión. Y lo que hacen Averhoff y sus músicos es de esa calidad. Que suerte tenerlos en Miami.

Por cierto que el público que estuvo en CubaOcho el viernes era pequeño, pero compuesto de gente que sabe lo que es la buena música y que da el respeto que merecen a los músicos. Hubo solo una excepción. Un tipo joven que discutía en voz alta  sobre su cuenta con uno de los camareros. El tipo no se puso violento ni dijo malas palabras. Pero estaba molestando un poco. Y con mucha clase, con mucha gentileza, Averhoff lo mandó a callar. El tipo reaccionó más bien con buen humor y pidió disculpas. No pasó nada. Si ocurre en Nueva York, París o Londres lo sacan de allí. Pero no llegó la sangre al río. El resto de quienes estábamos allí, por supuesto, calladitos durante todo el set de Averhoff. Eso distingue a la gente que aprecia el buen jazz. Para mi, ir a escuchar a alguien de la altura de Averhoff es como ir a misa. Uno está callado. Uno presta atención al sacerdote. En el caso de Carlos Averhoff, él es más que un sacerdote del Jazz. Viene siendo como un Cardenal. Casi como un Papa.

No puedo de dejar de hacer el comentario sobre la nueva vida que ha cobrado la Calle Ocho, sobre todo de la Avenida 17 hacia el este, camino a Brickell Boulevard. Los jóvenes recién llegados de Cuba han dado nueva vida a esa parte de Miami. Esa es gente que sabe lo que es la buena música. Y estoy hablando de todo tipo de música, desde el jazz de Averhoff, a la salsa, y pasando por esa fusión que ha surgido entre son, funk y jazz que se ha convertido en el nuevo sonido de Miami. Tremendos músicos los que han venido de Cuba en tiempos recientes. Talento descomunal. Y se han mezclado con los sensacionales músicos Cuban Americans, dominicanos, boricuas, colombianos y estadounidenses y otros que ya había por acá. La verdad que en la Calle Ocho se está produciendo un fenómeno musical. Yo me siento allí como si estuviera en Nueva Orleans cuando nacía el Jazz, o en Liverpool o Hamburgo cuando surgían los Beattles, o en mis años adolescentes (casi mi infancia)  en el Village cuando el mundo comenzaba a descubrir a Bob Dylan, Joan Baez y a Richard y Mimi Fariñas. Yo no tengo nada en contra de South Beach. Pero les digo que lo que está pasando en la Calle Ocho es una nueva revolución musical. Allí se está escuchando la mejor música del momento. Y como baila esa juventud que llena la Calle Ocho los fines de semana. De por si, eso es un espectáculo. It’s where it’s at.

Tengo más que decir después.

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